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20050930

En San Sebastián: “Tideland”


Jeliza-Rose entra en la que será su nueva habitación. Una habitación en la antigua casa de su abuela. Una habitación de pasado desconocido. Una casa que la niña esperaba con ansias entrar. Una casa al final de un viaje planeado durante años, un secreto entre Jeliza-Rose y su padre, Noah.
Jeliza-Rose abre la puerta, un largo y rapidísimo traveling en retroceso nos lleva fuera de la casa, justo detrás del cristal de la ventana. El siguiente plano nos muestra a Jeliza-Rose en la puerta. El siguiente plano nos muestra otra vez el último encuadre del traveling: justo detrás del cristal de la ventana. El siguiente plano es Jeliza-Rose entrando y hurgando en la habitación.
No hay fantasmas en la casa, no hay una maldición esperando salir. No hay aire concentrado y viejo esperando la huída. No hay un cambio brusco en el personaje después de haber cruzado esa puerta. Tampoco lo hay en la casa con la presencia de Jeliza-Rose. Los dos últimos planos resumen el principio y el fin del traveling, lo que en teoría destruiría dicho traveling, pero el traveling se mantiene, lo que hacen confusos los dos últimos planos.
La gente comienza a retirarse, la sala se queda por la mitad. La fuga de espectadores me recuerda las sesiones de “Éloge de l’amour” pero a lo bestia. Intento ver la reacción de Terry Gilliam, sentado tres filas encima de mí, pero no lo consigo.
Dudo un poco. Que me quiten el dinero puedo aceptarlo, pero el tiempo... el tiempo ya me molesta un poco más. No sé si levantarme. Me duele el culo, los asientos son espantosos. Mejor -me digo, así no me duermo.
La película ha acabado a los quince minutos de haber empezado ¿qué cojones hago yo aquí? -me pregunto. Joder, es el autor de “Brazil”. Las interpretaciones están magistrales y el trabajo de arte es insuperable. Habitual en sus películas -me repito. Además, ahora me jode, quiero saber cómo acaba, aunque considere que ya ha acabado.
El culo me sigue doliendo, pero aguanto como macho las dos horas y veinte que dura la película.
Los aplausos del final son solo la sombra de los aplausos de entrada del director.
Tideland” fue premiada con el premio Fipresci, los abucheos fueron masivos. Al productor no le habrá hecho mucho gracia.

Marc Jardí.

2 comentarios :

kuroi yume dijo...

De verdad, me cuesta de entender:
¿por un único plano la gente se va del cine?

Supongo que hay algo más, ¿no?

Si no es así, entiendo por fin que los Festivales son sólo pasarelas donde van a lucirse actores, directores, productores... y periodistas.

Marc Jardí dijo...

La gente no se va por un único plano. El plano lo he utilizado como un ejemplo de lo que fue la película: un sin fin de encuadres gratuitos. Un sin fin de movimientos gratuitos.

Si existieran más dudas no dudaría en intentar hacer un análisis extenso.