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20051215

Marc Jardí: "Paris, Texas" - Una Obra Maestra


paris-texas


Describir la grandeza y belleza de esta película me resulta complicado. Soy tosco de palabra.

Película de planos en los que no existen los caminos.
Los espacios abiertos y el hielo son suficientes para que entendamos la psicología de un personaje. Que capacidad de síntesis la de Wenders. Dos horas en cinco minutos.
Hay muchas maneras de rodar e iluminar dentro de un coche. Wenders es de lo más acertado en todos los emplazamientos de cámara.
París, Texas” tiene tres secuencias claves en la historia del cine. Enormes e inconmensurables. Una es el visionado en 8mm de una película familiar, las otras dos corresponden a las visitas a las cabinas donde trabaja Jane.
Es injusto resaltar solo estas dos de entre muchas más, casi, casi, igual de brillantes: La vuelta a casa de Travis y Hunter desde el colegio, La vuelta en coche de Travis y Walt. La conversación por Walkie-Talkies entre Travis y Hunter, etc., etc., etc.
Fresas salvajes” de Bergman y “The Straight story” de Lynch son otros ejemplos de road-movies en el puro sentido de la palabra, o género. Amo a Bergman con locura y respeto a Lynch a más no poder. Es ese amor y ese respeto lo que produce mi asombro ante “París, Texas
El maestro en la utilización de los espejos es por todos sabido, el gran Douglas Sirk. Pero el uso que hace de ellos Wenders en las conversaciones con Jane no tiene nombre. Es de las cosas más emocionantes, seguramente, de los últimos treinta años, con permiso de Godard y su “Eloge de l’amour.”
Los aviones. ¡Ay, los aviones.!
París, Texas” es una película romántica, con un perfume erótico escondido. Es la película de un personaje que vive en un flashback, pero que a la misma vez escapa y es atraído por dicho flashback.
Qué película tan elegante.
El diálogo, ausente durante todo el film, explota en dos impresionantes monólogos: el de Travis y el de Jane. La música de Cooder acompaña desgarradoramente los momentos dramáticos del film. Curioso, no le suben el volumen.
Wenders, autor de enormes películas como “El cielo sobre Berlín”, de la que hicieron un penoso remake llamado “City of angels”, “Relámpago sobre el agua”, homenaje al gran Nicholas Ray y “El amigo americano”, está un poco de capa caída: “The end of violence”, “Million dollar hotel” o “Buena vista social club” distan de lo que fue su trabajo anterior, lleno de rigor y pureza.
Esta enfermedad es contagiosa y se llama edad, o dicho de otra forma, huevos.



Marc Jardí.

5 comentarios :

kuroi yume dijo...

Magistral artículo, Marc.

Admiro tanto tu amor por el cine (como demuestras en estos poemas que a veces haces), como el sarcasmo con que riegas algunos artículos.

Me vuelvo a quitar el sombrero (llevo una semanita...)

Nota: Además, creo que te llevas el récord de películas referenciadas en este blog!!

藤原 弓美 dijo...

Adoro esta película y me uno a los halagos de Kuroi san...

Miss Kubelik dijo...

En esta sí que estamos completamente de acuerdo. El cielo sobre Berlín me trae de recuerdos... uf

Anónimo dijo...

Wenders no es viejo... puede que le falten huevos... Su cine nunca fue viejo. Es cierto que sus últimas pelis no son muy felices, y que Relámpago... es un homenaje y falta de respeto a Nicholas Ray. ¿Por qué falta de respeto? Porque el grandioso Ray pidió que apagara la cámara para no mostrar su decadencia... y Wenders desobedeció, violando la intimidad de la agonía... Eso no puedo personárselo.
Coincido contigo, Marc, Paris-Texas es elegante y erótica... Todavía estamos a tiempo de ver otra de Wim Wenders que provoque sacarse el sombrero

Liliana dijo...

Wenders no es viejo... puede que le falten huevos... Su cine nunca fue viejo. Es cierto que sus últimas pelis no son muy felices, y que Relámpago... es un homenaje y falta de respeto a Nicholas Ray. ¿Por qué falta de respeto? Porque el grandioso Ray pidió que apagara la cámara para no mostrar su decadencia... y Wenders desobedeció, violando la intimidad de la agonía... Eso no puedo personárselo.
Coincido contigo, Marc, Paris-Texas es elegante y erótica... Todavía estamos a tiempo de ver otra de Wim Wenders que provoque sacarse el sombrero