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20060410

Por mi derecho a la vida




Por mis mejillas cayeron tres lágrimas. Fue ayer, antes de acostarme. Cayeron casi de manera consecutiva, como si fueran trillizas. Y cual madre que acaba de dar a luz les puse nombre: Brian, Kevin y Jason.

Deseaba verles crecer. Ansiaba presenciar como sus ojos se convertían en hermosas perlas blancas y como de sus manos surgían hermosos dedos de pianista.

Impotente me sentí al saber que era incapaz de frenar la evaporación de mis tres lágrimas, de mis tres perlas. Sentía en mis ya no sonrosadas mejillas, como mis niños se secaban sin que yo pudiera hacer nada al respecto.

Mi propia carne me las estaba arrebatando, chupándolas cual parásito. Y la suave brisa ayudaba a que la muerte fuera rápida. Mi carne que también es tu carne. El aire que también es el que tú respiras.

Maldita sea mi carne tu carne, mi aire tu aire nuestro aire. Maldito el ser humano capaz de crear creyendo tener el derecho a matar.

A duras penas a salido hoy el sol y ha alumbrado mis mejillas enlutadas. Las ha calentado lo suficiente como para que en el reflejo del agua en un pozo pueda ver como han vuelto a tornarse rosadas. Ha sido entonces cuando me he dado cuenta que mis tres perlas no han muerto, sino que ahora forman parte de mi cuerpo que es tu cuerpo, pues la carne solo arrebata carne y el aire alivia dolores, sin que nos demos cuenta.

Brian, Kevin y Jason estarán siempre en mi mente. Tú, carne, me lo has arrebatado celosa y por ello tus lágrimas serán dolores y dolores. Pero como yo te amo tu luto será mi luto.

Te regalo mis perlas como señal de duelo... a todos aquellos que nacen, a todos aquellos que mueren y a todos aquellos que callan, pero no porque no estén muertos, sino porque no tuvieron tiempo de aprender a hablar.

Elogio a la vida, derecho a la vida, protesta silenciosa. Tres lágrimas sobre la almohada, nada más.


Marc Jardí.

3 comentarios :

Hombre Lobo dijo...

Increíble encontrarme con estas cosas aquí. Uno a veces piensa que se ha creado espacios de evasión pura, pero la realidad se encarga siempre de alcanzarnos donde quiera que vamos.

También de mi cara han caído esas tres lágrimas de las que hablas, y las de los miles más que ya conocemos (o no). Que desgracia y que horror.

Saludos.

藤原 弓美 dijo...

Que mundo este...

Pol dijo...

Se me ha puesto la carne de gallina ante el precioso y estremecedor texto...Y sin saber de que hablabas. Solo he tenido que introducir los tres nombres y la fatídica palabar y ahí me ha salido una fotografía de los tres hermanos...ufff...

Gran texto.