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20060502

Hawks, el profesional

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Planteemos una especie de juego con estos títulos de crédito: una serie de óleos en los que se encuentran vaqueros en plena faena, siguen otros de diferentes paisajes y otros en los que existen simples paseos a caballo. Ahora pongámosle una composición musical de carácter épico... esas de leyenda, de grandes personajes en enormes batallas. Y Ahora que tenemos la tonadita, añadámosle voz, y mejor todavía, que verse sobre El Dorado. Bingo, unos títulos solo comparables a los de “Vertigo” o a los de “Dies Irae.”

La leyenda de El Dorado y la película de Hawks tienen muchas cosas en común y una en contra: las cosas en común saltan a la vista durante todo el film, sería estúpido enumerarlas aquí. La cuestión en contra es que los personajes de Hawks no son unos genocidas como Orellana y Pizarro, sino unos profesionales.

Si en algo destacan los personajes de Hawks en todas y cada una de sus películas, es en dicha profesionalidad. Las cosas deben hacerse bien con Hawks, sino eres un profesional, él se preocupará en que lo pagues muy caro. No os engaño, os invito a comprobarlo desde el primero hasta el último de sus films.

El caso de “El Dorado” es inapelable desde los primeros minutos de metraje, en los que J.P. no duda en apuntar con su escopeta a Cole, del que es muy buen amigo desde hace años, pero esto es el far west y hay reglas a respetar.

La retirada de Cole, en la que hace que su caballo vaya hacia atrás para no perder de vista a sus adversarios, o las continúas clases de supervivencia en el oeste, impartidas por Mc Leod’s, J.P. y el mismo Cole, serían otros ejemplos de la profesionalidad de los personajes de Hawks.

La caracterización y desarrollo de estos personajes es sorprendente. Desde el protagonista, hasta el último de los personajes secundarios o episódicos del film está diferenciado por un chaleco, un sombrero curioso, un nombre ininteligible o una botella de whiskie como eterna acompañante.

No solo se haya de manera metafórica una semblanza de la leyenda de El Dorado con el film de Hawks, sino que una bala alojada en la espalda de Cole, tiene un peso dramático importantísimo, no solo desde el punto de vista argumental, sino también desde el punto de vista moral del personaje, toda una metáfora del recuerdo consciente de que algo se ha hecho mal. Y duele. No infravaloremos el género, no caigamos en la trampa de definir los westerns como películas de vaqueros e indios, porque cuando se trata de Hawks es mucho más que eso: tienen una carga moral enorme, un sentimiento de amistad y nobleza puros y un trabajo cinematográfico digno de autor.

Por supuesto, ya sabéis como va esto del western, a parte de esas reglas que hay que cumplir, hay unas connotaciones históricas, demográficas y sociales que no podemos obviar, están allí mal que nos pese y a lo mejor chocan con los... vamos a llamarlos “valores éticos” que tenemos hoy en día, por cierto ¿los tenemos? porque a veces me doy cuenta que los personajes de este género de ficción tan criticado, tienen la nobleza y la seriedad que nosotros no tendremos ni en cuarenta vidas. Pero claro, tienen un cinturón con un revólver, y eso es suficiente.

Pero vamos a lo que vamos... el primer ataque de la bala alojada en la espalda de Cole se realiza a orillas de un enorme charco de agua. Curioso.

El trabajo de Wayne y Mitchum es sorprendente, pero es que el de James Caan es el no da más. La película es una clase de dirección de actores, puesto que no solamente se trabaja impecablemente el punto de vista emocional y dramático en cuanto a la progresión de los personajes, sino también algo tan simple como el movimiento de unas manos, la manera en que se sujeta un revólver o se coloca un sombrero en una cabeza.

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El Dorado” es una película buenísima, entretenida a más no poder y con unos gags puestos de manera estratégica en un guión sublime. Hay una línea de diálogo que me gustó muchísimo: Cole acaba de asesinar al jóven Mc Donald, que debía cuidar la frontera de sus tierras pero se quedó dormido. Ni el despertar de su larga siesta fue correcto, por eso muere, por desprevenido, por cometer un error, por su falta de profesionalidad... bueno, paro que si no me apasiono mucho y me desvío del tema, el hecho es que Cole se detiene ante el Sr. Mac Donald y no duda ni un segundo en atribuirle parte de culpa en el fatídico suceso, diciéndole...

- Dejó que un niño hiciera el trabajo de un hombre.

Me gustó mucho porque esa frase encierra la trayectoria de Hawks: un genio, un autor y un profesional del cine.


Marc Jardí

2 comentarios :

kuroi yume dijo...

Como ya dije una vez, mucha culpa de mi desinterés por el western, es debido a Wayne. En el cine, era el prototipo de hombre que jamás hubiera querido ser...

Tardé bastante en congraciarme con él y su cine. Tuve que, entre otras cosas, desquitarme de ese tópico cine de "vaqueros" (el de la sobremesa de los domingos, un batiburrillo sin criterio de películas con gente a caballo) y admirar al actor desde otros ángulos (y debo reconocer que mucha culpa de ello la tiene el cómic "Predicador").

En fin, es cierto, es una gran película.

NOTA: es probable que si los ciclos domingueros hubieran sido sobre cine de terror, ahora los odiaría tanto que esta página sería bastante diferente...

Liliana dijo...

Mi infancia la pasé viendo este tipo de cine... aunque ya El Dorado se considere de la etapa crepuscular del western, antes de la irrupción de Sam Peckinpah, que le da otra vuelta de tuerca al género.
He vuelto a ver muchos de estos westerns, pero este no, así que se me mezcla con unas cuantas películas de vaqueros vistas hace muchos años, como si fueran una sola película, en la que el (anti)héroe suele ser John Wayne y en la que se respetan todas las convenciones del género.