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20070206

2o Viaje: Álex




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El Último Viaje de Sean Thornton

Me levantaré y me pondré en marcha, y a Innisfree iré...

El más duro de los viajes es el que conjuga lo físico y lo espiritual. Y para los héroes fordianos ese viaje no terminará jamás...

En 1952 John Martin Feeney (John Ford) volvió a casa. Lo hizo tras enfrentarse a la muerte cara a cara; aunque aún tardaría diez duros años en cumplir su anhelo después de que la metralla de una bomba japonesa se incrustara en su cuerpo durante la batalla de Midway. Años en los que dedicó todo su tiempo y esfuerzo a la causa bélica (once de los quince largos que dirigió en este periodo de tiempo pertenecen a ese género).

La distancia entre el director y sus personajes nunca fue más corta de lo que fue en “El Hombre Tranquilo”. Ford quiso volver a la tierra de sus padres y lo hizo encarnado en la piel de un boxeador con las manos manchadas de sangre (tras matar a un rival en el ring) que busca en sus raíces la redención. Así, desde el momento en el que vemos llegar un destartalado tren de vapor a la estación de aquel perdido pueblo irlandés llamado Innisfree, asististiremos al renacimiento de un hombre en búsca de sí mismo.

El proceso seguirá los pasos establecidos. Primero llegará la reconciliación, consigo mismo, con su entorno. Después el perdón. Finalmente el amor incondicional que Sean no había conocido hasta entonces. El maestro tomó la historia de amor de Sean y Mary Kate como base para proclamar el viejo axioma de que el amor nos hace mejores. “El Hombre Tranquilo fue la primera historia de amor que intenté filmar. Una madura historia de amor”, declararía años más tarde.

Como es habitual en su obra, Ford llena la pantalla de fugaces matices apenas perceptibles que enriquecen la narración al tiempo que la dota de un aura entre evocadora y etérea (la voz de la madre que suena al divisar Sean la vieja casa familiar “Ahh.. no te acuerdas, Seaneen, y cómo era...”, el estremecedor desgarro de las manos entrelazadas de Sean y Mary Kate durante la escena del beso bajo la tormenta...). Todo ello sin dejar de lado su masculino estilo a la hora de afrotar la situaciones cotidianas. De este modo, no faltarán la peleas “de honor” como modo de ganarse el respeto de sus nuevos vecinos, ni los guiños complices hacia los perdedores que no se resignan a agachar la cabeza ante la adversidad.

La visión de la patria olvidada bajo los ojos del hijo del emigrante es mostrada de modo subterraneo y brutal en contra de la opinión generalizada que acusa al director de paternalismo fílmico. Muy al contrario, Ford refuerza el mito de la Irlanda atrasada, sometida al clero y a su propia inmundicia. El país de los borrachos, de los curas omnipresentes, de los pistoleros del IRA siempre prestos a controlar “la buena marcha de las cosas”, de los palurdos que duermen con las botas calzadas. Ford muestra la opresión social de una sociedad atrasada y bajo vigilancia tan cercana al tópico que su franca mirada resulta ofensiva. Es la Irlanda embobada en su idilica mentira frente a un mundo exterior en constante evolución. El sueño de Sean, el país de cuento de hadas en el que nada se altera, se convierte así en pesadilla. Aparece, entonces, el camino del amor como tabla de salvación ante un entorno hostil que en nada se asemeja a la brumosa fantasía que sus padres le retrataron.

Pero para completar el círculo Sean deberá ser aceptado por la comunidad. De nuevo aparecen los sangrantes tópicos: Los curas que llevan células del IRA, los terratenientes déspotas, las casamenteras entrometidas, los matones de bar siempre prestos para partir caras... También por aquellos a los que Sean respeta amorosamente, como el entrañable Micheleen Flynn, quien no por casualidad es el único que le recuerda de cuando era niño. Pero será el amor lo que dará sentido a su peripecia. El final de su trayecto. La idea central hábilmente oculta entre excesos de testosterona y whiskey. Para los ojos de Sean los paisajes de Innisfree resultan amargos. No encuentra la mística de sus viejas y cochanbrosas casas, de sus gentes embrutecidas. Del mismo modo que le desagrada su duro clima, áspero y húmedo. Todo le resulta hostil, y seguirá siendo así hasta que encuentre a Mary Kate. Su destino.

La primera visión que tiene de ella la representa como un cuadro renacentista. Su visión supone una explosión de color que insufla vida en su lastrado corazón. Brota entonces la vena romántica de Sean/Ford. La que le forzará a luchar por ella utilizando los puños, a pesar del dolor que ello le produce. A plantar rosas en su jardín, a sabiendas de que no soportarán el duro invierno y pese a que “los tulipanes son más prácticos” (en palabras de Mary Kate). A robar bicicletas para burlar la presión de indiscretas carabinas o a pintar su casa de verde, justo lo que un irlandés nunca haría.

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Como, seguramente, ninguno de aquellos irlandeses besaría a su chica entre las ruinas de una iglesia, bajo la lluvia. Es por ello por lo que Sean encontrará su auténtico destino en otro mítico lugar: “el país de dos” que inventara Vonnegut. El reino interior sin constitución ni reglas que seguir.

Y después de todo, pese a las decepciones y penalidades, el viaje de Sean, el viaje de Ford, mereció la pena. Aunque, como ocurre con todo héroe fordiano, el último tramo esté por completar...


Oh, Innisfree, isla mía, vuelvo a ti desde los años pasados en el gélido mar...



__________

álex

10 comentarios :

Marc Jardí dijo...

Hoy he podido comprobar que lo que me dijiste hace tiempo en una reseña mía, era cierto.

A la hora de la verdad, creo que Ford bien lo vale.

Enhorabuena.

kuroi yume dijo...

Yo también comenté hace meses mis problemas con el señor Wayne. Ya me congracié con él hace tiempo, pero este texto hubiera solucionado nuestras rencillas muchísimo más rápido.

Una visión muy hermosa de la película, sí señor.

Siento mucho no haber conseguido esa imagen en mejor calidad...

Mary Kate dijo...

Como suele pasarme ,llego tarde y quizás no séa este el post adecuado , pero recuerdo el de los memes...pag.123 ...quinta frase y...siguientes. "No se nos queda grabada eternamente una imagen con que soñamos porqué se embellezca y mejore con el reflejo de colores extraños que por azar la rodeen en nuestros sueños,porque aquellos paisajes de los libros que leía se me representaban con mayor viveza en la imaginación... por la manera que había tenido el autor de escogerlos , y por la fe con que mi pensamiento salía al encuentro de sus palabras..." Marcel Proust "Por el camino de Swann". La lectura de este texto ha sido un auténtico placer y un honor caballeros...no dejen de seguir uniendo fuerzas y de regalarnos páginas como esta.

Rosenrod dijo...

No sé si los fordianos de pro tendrán algo que decir, o que protestar... pero es un texto magnífico, amigo Alex. Y qué bueno es poder volver a decírselo (que nos tiene a todos sus seguidores con los halagos acumulados por la imposibilidad de expresarlos en su blog).

Un saludo!

Mònica Escudero dijo...

Yume, con retraso y prisa (para variar) te comento que tuve que editar el texto de Metropoli por cuestiones puramente prácticas y que no tenáin nada que ver con lacalidad del texto, es decir: básicamente por que me era imposible hacer la página más grande. Pero mil gracias por tu tiempo y ahí andamos para lo que quieras.

Nos leemos, que no?

Abrazos

Mònica

Alex dijo...

Pues gracias. De veras que agradezco lo comentarios... incluso el meme tardío, que tal vez debería haber sido colocado en la página de Madmax, Mary Kate. :pp

Gracias a los tres.

Alex dijo...

Y gracias a Rosenrod, también. Coincidimos en espacio/tiempo, amigo.

desconvencida dijo...

Se agradece a Yume que podamos comentar este magnífico análisis de "El hombre tranquilo", una de mis películas favoritas, Alex... Sin duda hay que verla como un viaje interior, siempre me despertó ternura la historia de este viejo boxeador que hace todo lo posible por no soltar un puñetazo más...

Liliana dijo...

Wayne es un tema serio... pero la combinación Ford-Wayne no sé si tiene comparación en la historia del cine.
Tu texto es excelente, Alex.

kuroi yume dijo...

El que está agradecido soy yo por tener a Álex (y a vds. en consecuencia) por aquí...

Gracias por venir.

Mónica, lo de mi incapacidad de sintetizar, como has podido comprobar, es cierto (y al final tomará connotaciones míticas seguro), jejeje.

Muchísimas gracias por elegirnos, ha sido un placer!