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20070723

Ilusiones Cortas VII: La Habitación Contigua (Daniel Romero y Raúl Garán, 2007)



Sólo el tiempo nos pertenece.


Hay dos vertientes claras en la Ciencia Ficción cinematográfica.

Una, la más común, tiene una visión clara de cómo serán las cosas, y consigue que la ambientación funcione por sí misma por encima de lo demás, dejando la historia que se narra como una mera anécdota (a pesar de que debería ser donde se encuentre el peso argumental). Este tipo de historias, casi siempre, se podrían extraer y situar en cualquier otra época sin que dejaran de funcionar.

La otra vertiente acaba minimizando la espectacularidad para presentar una buena historia que muestre los miedos básicos de la humanidad: la decadencia de nuestra forma de vida, la deshumanización, la pérdida de nuestra identidad, libertad o dominio del planeta.... Y por supuesto lo único que le queda a los hombres: la lucha contra todo ello. Y es ahí donde entran los viajes en el tiempo.

El concepto ha ido cambiando según se popularizaban los conocimientos al respecto de las teorías científicas y los avances tecnológicos (utilizados multitud de veces en el arte pop). Desde los intentos naïf del primer cine mudo, hasta las complicadas paradojas de las que ahora somos espectadores, hemos visto a miles de personas avanzar y retroceder en el tiempo. Mayoritariamente, lo que primaba en estas historias era el viaje en sí, su preparación, sus medios, el proceso, las dificultades técnicas, los problemas y, por supuesto, la (feliz) vuelta (“Donnie Darko” es un género en sí misma, si la tienen en mente mientras leen esto, no van por donde quiero guiarles... piensen mejor en “Regreso al Futuro”).

En este punto es donde triunfa espectacularmente “La Habitación Contigua” de Daniel Romero (aka Dani Lebowski) y Raúl Garán: Una simple frase resume por completo la parafernalia del viaje. Y lo que es aún mejor, una sola imagen puntualiza la paradoja que la lucha por el futuro podría estar causando. Y digo “podría”, porque la sutileza es tal que en ningún momento parece intención de los creadores marcar qué está pasando. Un peligroso juego, eso de hacer pensar al espectador, del que los directores saben salir bien parados. Y no sólo el argumento es sutil, el único objeto que nos muestra el futuro en este corto (a parte del suero fosforescente que el conejillo de indias debe tomar) es esa antigua máscara anti gas, una paradoja más de ese distópico mundo futuro en plena extinción. Ese objeto, terrible imagen y metáfora del terror y la guerra, nos fascina tanto como nos repele y nos acerca a las bestias. Nos convierte en un bípedo insecto. Nos transforma en esa cucaracha que con toda probabilidad sobrevivirá al fin del mundo. Pero el personaje que la lleva puesta, acaba quitándosela, tanto como prueba de que algo puede estar cambiando, como muestra de una humanidad recuperada quizá también como resultado de ese salto en el tiempo (bueno, y desde luego para que podamos verle la cicatriz en la cara).

Es desde luego una gran trabajo de preparación argumental y teórico, que por fortuna ha quedado bien resuelto y empaquetado.

El resto del atrezzo, como merece todo buen corto no hipersubvencionado, es escaso e imaginativo, cosa que no puede ir más que a favor de la historia. En completa contraposición a lo que comentaba al principio de este texto: el error de presentar mediocres argumentos, empañados y aniquilados por la atrofia de los grandes efectos especiales.

De todas formas hay un gran pero: esa ambigua simplicidad escenográfica actúa a la vez como barrera entre el espectador y los personajes. Es difícil sentirse emocionalmente unidos a los tres protagonistas por el escaso tiempo en el que compartimos sus vidas (pero eso es inevitable, y no tanto un problema como un handicap común e insalvable de este tipo de producciones), pero que se hubiera podido combatir acercando el entorno a nosotros, haciéndonos ver que podríamos ser ellos. Pero en vez de eso, la historia se sitúa en un indeterminado tiempo posterior a la Guerra Civil española, en una sencilla habitación cuya cámara de videovigilancia es el único objeto que se podría datar. Una ambigüedad que más que ayudar, juega en su contra.

¿De verdad nos afecta ese futuro que nos está mostrando?”, podría preguntarse el espectador, y seguro que los directores lo último que desean es que su cortometraje deje indiferente.

En todo caso, y a pesar de este problema tan subjetivo, la evolución de Daniel Romero y Raúl Garán es indudable. Desde el iniciático “Inacabado” (corto que se inscribe en el habitual discurso “historia de suspense con gracia final” que tan buen resultado da en los festivales, y que también viene incluido en el magníficamente editado DVD), hasta el actual “La Habitación Contigua”, es evidente que sus capacidades para contar una historia y ajustarse a los tempos de un cortometraje han mejorado de forma espectacular (ya sólo la habilidad que han mostrado al sintetizar la compleja historia en 9 minutos es digna de admiración)

Será un placer seguir la trayectoria de todos los que crearon esta obra y disfrutar de su más que seguro crecimiento. Por aquí andaremos vigilando.

Desde estas tierras, les deseo la mayor de las suertes. Ha sido un placer.


__________

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10 comentarios :

josemaria dijo...

Vaya... yo pensaba que se trataba del corto y no del trailer del corto :-(
Me quedo con la miel en los labios...

kuroi yume dijo...

Lo lamento, josemaría. El corto aún está activo, festivaleramente hablando, y parece ser que no está bien visto aceptar a concurso una película que aparece en el YouTube.

En cuanto los autores lo cuelguen, lo primero que haré será hacerle un especial.

Aura dijo...

Esperaremos a verlo. Tengo muchas ganas de viajar en el tiempo...

Deblin dijo...

Y yo, y yo.
Excelente post.

Dani Lebowski dijo...

Por dios santo Kuroi, esta es probablemente la mejor crítica que nos haya hecho nadie jamás desde que terminamos el corto. Sobretodo porque has sabido captar 100% el espíritu de la historia. Estoy de acuerdo contigo punto por punto, sobretodo en los errores que citas.

Verás, estos días hemos intentado levantar una historia muy complicada, que nos llevaría mucho trabajo trasladar a la pantalla, muy compleja argumental y visualmente. Al final hemos decidido dejarla para más adelante, ¿por qué? Porque ahora no es el momento, estamos en un momento de aprendizaje y no considero que meterse en producciones megalómanas nos haga contar mejores historias.

Miles de gracias Kuroi, que alguien se detenga (como están haciendo muchos bloggers gracias al trabajo de forfy) a escribir una crítica sobre nuestro trabajo, nos hace que saltemos de alegría. ¡Esto merece la pena!

Higronauta dijo...

Otro que se queda en stand by hasta su visionado.

Alex dijo...

Pero esperará a verlo para opinar. El trailer se hizo excesivamente breve para hacerlo.

Alex dijo...

Esperaré a verlo para opinar... quise decir. El subconsciente (y el no borrar lo que inicialmente escribí) me jugó una mala pasada.

Por cierto, ese pero tenía que ver con un aspecto del corto que dejaré para cuándo lo vea completo.

forfy dijo...

Ya estoy aquí! Que me has cogido en una especie de "retiro vacacional"...

Me alegra sobre todo que lo hayas podido ver por fin. Esto ha sido como un parto realmente porque tienen que haber pasado unos 9 meses desde que te comentará algo del corto en Sitges del año pasado.

Me ha gustado mucho la reseña, esos 9 minutos se hacen breves pero creo que se condensa lo que se quiere decir. Y la carencia presupuestaria lo que hace es que te centres sólo en lo importante. Que ojala tuvieramos millones! Pero no creo que esta historia en concreto necesite más.

Y contestando un poco a la gente que te ha comentado por aquí, terminará estando disponible para descargar o visualizar vía Youtube o algún sistema similar (la pena es que se pierde calidad, pero a ver como lo hacemos)

Mil gracias y espero que la maquinaria de distribución (lease, comprarme una grabadora y ordenador nuevos) no se detenga y tengas que contarnos tus aventuras en Correos!

Un abrazo!

Javi dijo...

Ey!, me mola mazo esa cabecera!!!


Ciclópeos e Innombrables saludos, coñe!