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20071108

Una invasión reiterativa

Antes de que saquen Invasión (2007) de las carteleras, quería aprovechar la oportunidad de hacer un breve comentario acerca de la repercusión que ha tenido para el cine la novela La invasión de los ladrones de cuerpos, de Jack Finney. Algo tiene que tener un libro para que haya sido llevado al cine en cuatro ocasiones distintas (sin contar aquellas cintas que se inspiran en ella sin confesar su deuda abiertamente). Los siguientes comentarios serán muy escuetos; sólo deben ser interpretados como desvaríos y trozos sueltos de conversaciones que ha mantenido un fanático de la estética de la recepción como el que escribe estas líneas. Espero que sirva, sin embargo, para animaros a echar un vistazo a una saga que, de una manera u otra, ha dejado marca en el cine de terror/ciencia–ficción como pocas han podido hacerlo. De manera que aquí están las cuatro películas con las que los clones extraterrestres han tratado de conquistar la Tierra.

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La primera versión, dirigida por Don Siegel en 1956, era una película en blanco y negro. Con esto me refiero no solamente a su estética, sino también a sus concepciones morales. Están de un lado los buenos chicos americanos de los cincuenta y del otro los perversos “comunistas” venidos del espacio exterior. Si bien no es tan explícita en sus menciones a la Guerra Fría como puede ser, por ejemplo, Ultimátum a la Tierra (1951), sí se nota ese aire político en la manera en que la pacífica comunidad del protagonista es tomada desde su raíz por una amenaza de otro mundo. No hay que olvidar el mensaje propagandístico de la época: los comunistas podían estar en todas partes, y algunos podían incluso tomar la “apariencia” de ciudadanos comunes y corrientes que buscaban infiltrar el “modo de vida” occidental desde dentro. Si Siegel quiso simplemente retratar esta paranoia, burlarse de ella o hacer una película de alienígenas sin mensaje alguno es algo que debería tenernos sin cuidado. La cinta vio la luz en la época que le tocó y la visión que tiene un sociedad acerca de una obra de ficción merece también una atención especial.

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La versión de Phillip Kaufman, estrenada en 1978, participa de un tono mucho más oscuro, pesimista y cínico que la versión de Siegel. Los finales de los setenta son la época en la que muchos americanos (Kaufman incluido) veían con espanto la dirección que estaba tomando la sociedad en su país: es la época del desastre de Vietnam, de Watergate, de los hippies que poco a poco ahondaban su camino al conformismo para convertirse en los yuppies del mañana. Los ultracuerpos triunfan porque llegan a un mundo que ya está alienado, uno en el que apenas se encuentran vestigios de individualidad y de felicidad en formas cada vez más fugaces, y que como espectadores comprobamos en la cálida relación entre Donald Sutherland y la mujer que secretamente ama. El final, sin duda alguna el más recordado de las cuatro versiones, es el equivalente cinematográfico a una patada en los riñones cuando estamos caídos, el colofón final que da inicio a una era de abulia y conformismo totales en las que el inhumano espíritu uniforme de una raza únicamente preocupada por sobrevivir se impone sobre la Humanidad.

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La versión de Abel Ferrara, de 1993, pasa de puntillas por sus temáticas sociológicas, pero en cambio otorga a la historia de los ultracuerpos una carga explotativa que hace de esta película una historia de terror más autoconsciente. El hecho de que varias escenas de posesión alienígena estén dotadas de un aire sexual no hace sino alimentar la idea de que en esta cinta hallamos una no tan velada referencia al SIDA y a la tenebrosa autocomplacencia de un ambiente ya de por sí destinado al igualitarismo: una base militar clavada en el centro de una sociedad con fuertes tensiones raciales como es el sur de los Estados Unidos. Ante el autoritarismo de los alienígenas cualquier fuerza de Razón se desmorona: no en balde el personaje del psiquiatra (que en las otras versiones siempre se muestra fuerte y decidido) termina aquí claudicando antes que nadie. Es esta versión, además, la que mejor explota sus posibilidades de cine de miedo al retomar los toques siniestros de la versión de Kaufman, incluyendo el famoso grito de los ultracuerpos que, cuando es proferido por una inmensa Meg Tilly, pone los pelos de punta.

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La versión de Oliver Hirschbiegel (que se encuentra actualmente en cartelera) en cierta manera engloba las diferentes visiones que las tres películas anteriores han mostrado y las resume en un simple alegato: la Humanidad, con todas sus miserias, horrores e imperfecciones, es valiosa y merece ser defendida. Los ultracuerpos, en esta ocasión, se presentan como un “virus” que acaba con la posibilidad del conflicto y trae la Paz al mundo a través de la supresión total de los impulsos individualistas del Hombre; es el sueño colectivista por excelencia. La historia, sin embargo, los revela como los auténticos villanos al mostrar la medida adoptada siempre por todos aquellos que imponen las bondades de un sistema “perfecto”: cuando los extraterrestres descubren la presencia de algunos humanos inmunes a su influencia, deciden que en nombre del bien común hay que eliminar a todos aquellos que no acepten la nueva Utopía intergaláctica. El hecho de que en esta ocasión la amenaza se propague gracias a la ayuda de las grandes esferas gubernamentales dice mucho en esta época en la que el Miedo se impone como norma en el marco de conflictos globales como la llamada Guerra contra el Terrorismo™. Lástima, sin embargo, que la película pase de todos estos temas para centrarse en la explotación física de Nicole Kidman y la típica trama del niño en peligro. Parece ser que la imposición de escenas de acción por parte del productor Joel Silver ha dejado muy poco de la película que en un principio tenía pensada Hirschbiegel.

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A manera de bonificación especial, no quisiera terminar sin antes hacer una breve mención a The Faculty (1997), película estrenada hace ya diez años y que, si bien no es oficialmente una versión de la historia de los ultracuerpos, sí que está más que evidentemente inspirada en ella. A pesar de sus obvias limitaciones, se trata de una película en verdad entrañable cuyos principales méritos no me parecen atribuibles a su director, Robert Rodríguez, sino a su guionista Kevin Williamson, quien gobernó la segunda mitad de los noventa con sus historias pop de terror adolescente. De hecho, lo que The Faculty hace (en mi opinión muy bien) es tomar la base de la trama de Jack Finney y reducir su alcance hasta llevarlo a los confines de una obra juvenil. De repente la amenaza ya no es mundial, sino que se limita a lo que para el típico adolescente es el equivalente al mundo entero: el instituto. De la misma forma, a la lucha entre extraterrestres y humanos se le superpone la lucha generacional entre los adultos y los chavales cuyo comportamiento desean uniformar. Como parodia, es la mejor que se ha hecho jamás de la novela, y sólo por eso ya merece una mención.


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5 comentarios :

Madmax dijo...

La que recuerdo con más cariño es la versión 2, en la que aparece D. Sutherland, pues es la primera que ví y todavía recuerdo que al verla me sorprendió mucho una escena en la que aparece un perro con la cara de su dueño (un vagabundo que dormía junto a él... en buena hora!!!). Otra escena es el 'guiño' a la primera versión donde aparece el actor protagonista realizando un 'cameo' (D. Sutherland casi se lo lleva por delante en un semáforo).

La tercera versión no me desagradó, pero tampoco aporta nada nuevo ni nada espectacular. The Faculty está bastante bien y es una 'versión' más actual y curiosa para la nueva hornada de 'freakies' sedientos de películas con este estilo.

La nueva no la he visto, me llama la tención por ver juntos al nuevo 'bond' D. Craig y a Nicole Kidman juntos, y porque considero que cualquier versión de esta película merece ser vista para poder ponerla a parir... :P

Señores, las comparaciones son odiosas...

Un saludo.


pd.- Una cosa curiosa es el cambio de 'títulos' de algunas películas: La invasión de los ladrones de cuerpos y La invasión de los ultracuerpos... ¿alguna razón solamente la idiosincrasia española?

Dani Lebowski dijo...

A mi la versión que más me gusta es la de Kauffman. El plano final es fascinante, me encanta esta película, una de mis favoritas de todos los tiempos.

The Faculty es enorme también.

Alex dijo...

La verdad es que la versión de Siegel deja poco a la imaginación. Dada la postura política del director, dudo mucho que ironizase sobre la idea central que sin duda ataca al enemigo comunista de modo frontal. Recuerdo uno de los diálogos más elocuentes cuando el médico dice algo así como "su objetivo es que todos pensemos igual, sintamos igual, vistamos igual". Poco más que añadir. Con semejante planteamiento, la época en la que fue filmada resulta casi irrelevante.

La de Kaufman (tan buena como la de Siegel), como bien apuntas, supone un duro alegato sobre la alienación social. Un cuento perverso que juega con el esperanzador final de la primera versión para enterrarlo, finalmente, bajo un manto de desesperanza. Brillantísimo remake.

Para mí, la versión de Ferrara, a quien yo admiro profundamente, es decepcionante. Nada aporta salvo esos toques de sensualidad que apenas enriquecen la historia por terminar quedándose en éso, simples apuntes sin profundidad alguna. Clona la filosofía de la versión de Kaufman en lo referente a la incomunicación y la ausencia de esperanza, pero le falta el toque desesperado habitual en Ferrara. No me gustó.

No he visto la cuarta versión y por lo que dices, y he leído en otros lugares, no hay mucho que esperar de ella. Eso sí, "The Faculty" es un "must" puro. Una gamberrada ejemplar para enmarcar.

Excelente dossier, por cierto. Un gustazo leerlo.

Saludos.

Jose dijo...

Hoy mismo estaba pensando en que todo el mundo ha obviado a The Faculty a la hora de hablar de todas las versiones de los ladrones de cuerpo. Todos menos usted, claro está. La reducción de la invasión alienígena al microcosmos highschool es una idea demasiado buena para que pueda resultar mala.

Higronauta dijo...

Partiendo de la base que ni oso ni quiero ver la kidmanada de marras, el orden preferencial de un servidor se corresponde con el cronológico (aunque el perro simbiótico de la cinta de Kaufman halla aparecido más de una vez en mis momentos oníricos, sobra decir).