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20071203

Al Dios de la Muerte le gustan las manzanas.

deathnote


Imagine una partida de ajedrez entre dos grandes maestros. Es un uno contra uno, pero pronto la lucha se da entre dos ejércitos de pequeñas piezas que se van distribuyendo sabiamente con el único fin de exponer al rey enemigo. Si de verdad se imagina a esos maestros en pleno duelo, supondrá que detrás de esa concentración y de cada movimiento, hay un cálculo perfecto de lo que va hacer el contrario varios movimientos en el futuro. Es más, cada pieza y su situación, no es más que un pequeño catalizador que desencadenará el siguiente lance de la batalla, y al final, el final. Sólo es cuestión de saber quién lo conseguirá primero.

Pues eso es Death Note, una retorcida obra de arquitectura barroca, donde lo que realmente se está exponiendo, recubierto de un bello envoltorio y de un magnífico entramado, es la verdadera embergadura moral de la humanidad. De la mía y de la suya, lector paciente. Hay dos jugadores, y están tan por encima de nosotros que jamás osaríamos tratar de ser uno ellos. Así que formamos parte de un ejército, ¿en cuál de los dos deberíamos alistarnos?

Como en todo buen dilema moral, a pesar de dejar claro el maniqueísmo superficial, existen tantos matices que en realidad es en ellos donde reside el problema de afiliación. Permítame que me aleje por un momento de la metáfora y que le sitúe en la historia.

Y por favor, no me sea imbécil y no cometa el error de subestimar el contenido, sólo porque viene presentado en forma de serie de animación japonesa. Compórtese.

Light Yagami es el mejor estudiante de todo Japón. Un día se encuentra por casualidad (?) una libreta con las palabras “Death Note” escritas en la cubierta, y una serie de reglas de uso escritas en su interior. Básicamente, cualquier persona cuyo nombre real se escriba en sus hojas, morirá. Siempre que el que lo escribe tenga claro el rostro del sujeto, evidentemente. Siendo Light un joven con un marcado y profundo sentido de la justicia (es hijo del jefe de policía), se lanza a una purificación de la sociedad, eliminando a todo aquel delincuente que escapa de la ley. Pronto, el mito de Kira (pronunciación japonesa de “killer”, que es como se empieza a conocer mundialmente al asesino justiciero) es tan grande que llama la atención de las agencias de inteligencia de todo el globo, que arrancan una cacería capitaneada por L, el mejor investigador que han tenido jamás. En cuanto las posiciones están dispuestas y el juego se inicia, se comienzan a desarrollar una serie de movimientos magistrales por parte de los dos genios, tanto para desenmascarar al otro, y acabar con él, como para conseguir que prevalezca una de las dos ideas de Justicia que representan.

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Es evidente que los roles de Kira y L se adaptan a la situación, muchas veces bordeando los límites (si no traspasándolos con mucho) de sus propias convicciones. Y nosotros (vd. y yo, querido lector), no podemos hacer otra cosa que dejarnos llevar y seguirles (si hay suerte, y somos avispados) varios pasos por detrás. Ellos tienen claros sus objetivos, ¿y vd.?

Pues bien, como decía, es imposible (a no ser que casualmente vd. sea un ser de inteligencia superior) que nos identifiquemos con los dos personajes principales. No somos dignos de su talla intelectual, y eso les convierte en un magnífico ejemplo a seguir, en dioses, como bien se insinúa en la historia. ¿No somos dignos?, tan claro es que el espectador llegará a este pensamiento, que la historia juega con el placer culpable de entregar el dichoso cuaderno a personajes secundarios, como si de repente se nos pusiera al alcance poner en práctica lo que estamos aprendiendo. Es en ese momento cuando la partida de ajedrez se convierte en un juego de damas. Es en ese momento cuando el abismo nos mira a nosotros. Y el cabrón se ríe, porque es el destino el que de forma abrupta vuelve a poner las herramientas de los dioses en las manos a las que pertenece.

Imagino que si me ha seguido hasta aquí, lector paciente, es porque no alberga prejuicios contra las series de animación, o porque confía algo en mi omnívoro criterio. Bien, se lo agradezco. Quiero premiarle con un pequeño extra. Quizá haya llegado a este texto buscando información sobre dibujitos, o sobre películas japonesas. Lo lamento. Quizá me haya excedido en la parrafada y me haya alejado de lo que de verdad importa en el mundo audiovisual. Y es que, a parte de discursos dignos de los estadios de moralidad de Kohlberg, “Death Note” cuenta con un apartado artístico fuera de cualquier discusión. Y es fácil de dilucidar si se busca información al respecto en la inmensidad de la web. El fenómeno fan alrededor de “Death Note”, ya sea el manga, el anime, o las películas de acción real, es un hecho contrastado que crece de forma exponencial. Y quiero creer que en parte viene de ese trasfondo ético, pero, a qué negarlo, su formato mola.

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Dejo de lado el cómic, al cual aún no he tenido la suerte de echarle un vistazo, pero sí quiero decir algunas palabras sobre la serie de animación propiamente dicha, comparándola con las dos (pronto tres) películas de imagen real.

Cada uno de los capítulos de la serie, es una pieza perfectamente tallada de un abigarrado puzzle (maravillosa esa imagen del puzzle en blanco que representa a L y que Near hace y deshace una y otra vez), que sólo algunos afortunados serían capaces de montar sin ayuda. Es el formato perfecto, 37 episodios con unas 18 horas y media de enrevesada trama, con un diseño de personajes tan atractivo como efectivo y con una animación 2D y 3D de calidad, y perfectamente hilvanadas. Por descontado recomiendo furiosamente su visionado en versión original, ya que, aunque aún no ha sido doblado al castellano, el estudio habitual que lo hace para las cadenas de pago debería ser derruido (con los actores dentro) para construir un criadero de berzas.

Las películas de imagen real cuentan con la ventaja de que, a priori, deberían llegar a más público, pero parten con la desventaja del tiempo de metraje limitado. Contando con que son dos episodios que se continúan, el tiempo total de que dispone para contar la historia es de unas 4 horas y media (mucho para dos simples películas, pero poco para una odisea como la de “Death Note”). Lo que lleva a la obligación de simplificar y resumir tramas. Es evidente que esto conlleva la pérdida de cosas innecesarias, pero también arrastra consigo conceptos imprescindibles (como por ejemplo la amistad que se acaba forjando entre los dos protagonistas). Y aún así, la emocionante historia que nos desvela la serie de animación, se ve relentizada en exceso en la película, llegando a convertir algo trepidante en un teatrillo soporífero.

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Mención aparte la calidad de los actores. Lo siento, pero por muy niño prodigio del fenómeno fan que sea Tatsuya Fujiwara (Nanahara Shuya en Battle Royale), tiene una cara de niñato bobotonto que hace imposible ubicarlo en el papel de Kira.

Debo, pero, rendirme ante la evidencia de que el actor que hace de L es el gran triunfo de la cinta (de hecho, ha conseguido tener su propia película spin-off...). L, ya de por sí es un personaje atractivo (un joven prodigioso, taciturno, extraño, amanerado y bizarramente hermoso), pero Ken'ichi Matsuyama consigue que lo creamos posible. El único bravo que se merece esta producción.

El resto de detalles de la película que debían ser aciertos (la inclusión de personajes 3D, o el diseño posmoderno de la escenografía) se convierten en nuevos puntos débiles de la producción de imagen real. Irónicamente la convierten en una historia más irreal que el propio anime, cosa que con toda probabilidad denota demasiada premura al realizarlas para aprovechar el bombazo mediático.

Así es, lector constante, que recomiendo por encima de todo ser paciente y disfrutar de la serie de animación. Con calma, paladeando. No soy nadie para impedir que se lance al consumo rápido de la historia a través de las películas, ya que no negaré que tiene algún acierto argumental, pero ser testigos de la más perfecta partida de ajedrez requiere ciertos sacrificios. Créame.



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11 comentarios :

Queco dijo...

Yo no me he dedicado a ver el anime porque he seguido el manga... pero, vamos, que vaya pedazo de historia, muy recomendable.

El Tete dijo...

A falta de leerme el último tomo de la serie, te agradezco que no me hayas destripado el final.

La verdad es que es una historia tan enrevesada, que a veces se hace ininteligible. Es como esas películas de espías en que ya no sabes quién espía a quién.

Ahí el manga gana por goleada, porque si no te enteras de algo, te lo puedes releer hasta que lo pillas. En las películas te lo tienen que dar más mascadito para que lo pilles a la primera.

¡¡Estupenda reseña!!

kuroi yume dijo...

Pues recomiendo el anime encarecidamente a ambos. Tengo entendido que no deja en mal lugar al manga, y es realmente emocionante.

Las películas son otro cantar...

En cuanto a lo de entender o no entender, llega un momento que los protagonistas te llevan tanta ventaja que sólo puedes tragar y decir amén a lo que sea. Pero mola igual!

Higronauta dijo...

Ah, pero, ¿éste no es un blog sobre dibujitos? Vaya...

Ya le comenté que había pasado de puntillas por encima de esta serie y que había acabado decantándome por Wolf's Rain. Cuando la finalice, tenga por seguro que éste será el próximo anime que degluta.

Eso sí, hágame un favor y por un tiempo, no comente/enarre/analice más seriales catódicos, en el formato que sea, porque le aseguro que últimamente no doy a basto para con éstos y no dispongo ni de tiempo para visionar una cosa llamada películas. Gracias.

kuroi yume dijo...

Cuentan las malas lenguas que sí que es un blog sobre dibujos animados..., parece que nuestros intentos de convertirnos en un fanzine porno han sido infructuosos!

Tranquilo Don Higro, que ahora estoy con Expediente X y no me veo con fuerzas de hablar de algo así... por el momento.

Aura dijo...

Me encuentro entre las que confía en su omnívoro criterio, que me ha traído muchos descubrimientos :)
Así que busco la serie (por cierto, me encanta la imagen de cabecera) y en VO!
Estupenda reseña.

krisish dijo...

Es una de las mejores series de anime que he visto y también uno de los mejores mangas que he leído. Aunque son prácticamente iguales. El final cambia bastante, si tienes un rato mira los últimos volúmenes. Personalmente me quedo con el final de la serie de animación más ambiguo y poético.
Las películas aún no he tenido tiempo de verlas pero no me llaman mucho.
Un saludo

yume dijo...

Aura, un honor, ya sabe. Espero no defraudarla!

krisish: El final de la película (en el fondo es una, partida en 2) también es diferente (con una vuelta de tuerca más incluída). De todas formas no creo que tarde en lanzarme al manga.

Madmax dijo...

La verdad es que no he tenido el placer todavía de disfrutar de ninguna de las 'opciones' sobre Death Note. Bueno, quizás la 'fiebre' del Salón del Manga, con la gente 'cosplay' de Death Note. No pude acudir a ver los pases del Salón de las películas, una pena que solucionaré en breve, espero. Del manga me han hablado maravillas, recomendándomela encarecidamente, así que habrá que darle una oportunidad (y tengo el scan bajado para leerlo en pc) y la serie de animación... pues se le dará el respectivo visionado una vez haya leído el manga. Que luego pasa lo que pasa...

Estrellita Mutante dijo...

Agradezco de verdad la referencia y pienso ver la serie. Muchas veces dejamos (dejo) de ver anime por falta de ganas de rebuscar entre tanta basura que hay. Yo a lo seguro: Miyazaki, Tezuka, Takahashi, ... vamos, lo de siempre.

kuroi yume dijo...

Y hace bien estrellita, encontrar joyas entre las centenares de series anuales se hace difícil. Pero a veces suena la flauta!