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20090221

Jekyll vs. Moffat

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Es síntomático que, tras una cantidad ingente de adaptaciones del clásico El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, casi todas ellas hallan pecado de enclaustramiento para con la obra cayendo en la reiteración conservadora de las páginas de don Stevenson, conformando así un claro ejemplo de explotación per se. Obvio es que ante la pluscuamperfección de la novela original la necesidad de revisionismo y de aportaciones novedosas parece tornarse innecesaria, cuando no inútil, pero llegados a un punto del evolucionismo creativo (y comercial, mal que pese), volver a adaptar una vez más la narración que creara el británico en el crepúsculo del siglo XIX con los mismos elementos inmutables es una tarea insustancial e innecesaria.

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Aparece entonces en escena don Steve Moffat, un hombre que, aparte de su labor narrativa en Coupling, ha sabido renovar y añadirle nueva impronta a seis capítulos del Doctor Who (en especial Blink y el binomio Silence in the LibraryForest of the Dead), no ya sólo retomando la clásica novela desde una perspectiva acorde con los tiempos, si no aportando un sello de autor por el cual se está caracterizando en cada trabajo que realiza.

La premisa básica de este nuevo Jekyll es la interrelación entre los dos alter egos mediante las nuevas tecnologías, que permite que ambos dos se vigilen en la medida de lo posible.


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Se añade así un factor que determinará el acontecer de los hechos puesto que ese control del Otro es el que permite al doctor Tom Jackman/Hyde convertirse, por primera vez en un Todo unitario, donde cada acción tiene una consecuencia directa (y no por terceros, como estábamos acostumbrados) en la vida de ambos dos. Pese a todo esto, cada una de las dos partes tiene sus secretos ocultos que no querrá compartir y que les obligará a agudizar el ingenio para que no sean relevados con causas fatídicas en mayor o menor medida, llegando en determinados momentos a hacer que la relación se torne en un juego macabro y violento, o, simplemente, en una persecución de la propia sombra de cada uno de ellos.

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En los capítulos del dottore ya vimos a don Steve jugar con elementos tradicionales de la cultura popular para añadirlos al universo característico, asentando así una nueva mitología de lo cotidiano donde las estatuas o la oscuridad podían acabar resultando ser elementos totalmente desconocidos y aterradores para el público. Igualmente, la cantidad de prismas a los que somete su narración, conlleva a) que una serie de elementos en un principio independientes y aislados acaben conectando inevitable y naturalmente hasta formar parte de un Todo mucho mayor que conlleve a un aumento de la riqueza de la historia en sí y b) que il tempo sea otro elemento preponderante en la manera de contar historias del escocés jugando a saltar entre espacios, siempre en beneficio de la trama.

Jekyll vs. Moffat

Seis capítulos de a penas cincuenta minutos para construir una de las mejores adaptaciones de la novela de Stevenson realizadas hasta día de hoy. Sin caer en típicos tópicos (ni van a ver la clásica fórmula permutadora ni van a poder contemplar tampoco las transformaciones múltiples, avisados quedan) y añadiendo elementos novedosos, que, pese a sus posibles dosis de irrealismo, acaban formando parte si ne qua non del relato llegando a tomar un papel imprescindible para su evolución y desenlace. Por otra parte, pesa, y mucho, no sólo la autoría, si no también el reparto, encabezado por un soberbio James Nesbitt encarnando al binomio protagonista, secundado por una serie de actores que no hacen más que vincular y asentar el realismo (ficticio) de la obra.

En definitiva, una obra que no habrían de perderse, plagada de intriga y sci-fi y donde todo es lo que es pero nada puede resultar lo que parece. ¿O no?


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