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20090829

Un fantasma recorre Midgar

consejo de hierro

Miento. El fantasma no recorre Midgar exactamente, es más bien un continente llamado Rohagi, dentro de lo que sería el mundo de Bas-Lag. Y de hecho, no es un fantasma, si no más bien un tren, el tren perpetuo, que es tanto creador como resultado de sus pasajeros.

Pero la idea es lo que cuenta. Y en esa frase, un fantasma recorre Midgar, se resume a la perfección la novela de China MiévilleEl Consejo de Hierro”. Esta masiva obra de ultrafantasía (amalgama de todas las creaciones del género pero desollando las ideas hasta ahogarlas en alteridad) es una directa y desvergonzada reescritura del manifiesto marxista, pero encapsulando la lucha de clases en una matriz multidimensional en la que las variables se ven afectadas tanto por el estatus social, como por la procedencia, la raza, la taumaturgia que practican, los delitos que hayan cometido, los castigos que hayan sufrido, o los materiales con los que han sido creados los personajes que se arrastran con diferente suerte por esa megalópolis que es Nueva Crobuzón.

Y es esta urbe poliestructurada, distópica y clásica, melting pot de artes, ciencias, poderes, religiones y gentes, la que refleja casi especularmente el mundo creado por Hironobu Sakaguchi para esa obra maestra de los videojuegos que es Final Fantasy VII. La misma urbe que convierte la historia de Miéville, esa revolución proletaria nacida de los rehechos humanos y las prostitutas, en una versión comprometida, adulta y superrealista de la lucha del pequeño grupo terrorista Avalancha en su intento de derrocar a la macrocompañía que ostenta el poder absoluto de la deshumanizada ciudad de Midgar.

Las similitudes conceptuales no son escasas, pero quizá lo mejor de todo sea la gigantesca capacidad de ambas historias para mezclar nociones, mitologías, épocas, armas, vehículos y artesanías, coincidiendo de forma poco ingenua en muchos de los puntos. Si bien el poder fabulador de Miéville es capaz de arrollar cualquier historia que se haya escrito antes (algunas de sus ideas me han impactado tanto que he sentido vértigo), y las intenciones político-sociales al concebir este mundo de fantasía tan compacto y comprometido a través de una multitud de facetas no pueden ser reflejo de un mero divertimento novelado, no puedo dejar de pensar que el escritor forma parte de una generación que ha vivido con una incesante lluvia de estímulos multiplataforma que, de forma más o menos consciente, debe haber hecho mella en su proceso de demiurgia.



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2 comentarios :

Juanma Sincriterio dijo...

¿Y qué me dice de la pasión con que escribe Mieville?

Mieville es un grande, en mi humilde opinión lo mejor que le ha ocurrido al fantástico en lo que llevamos de milenio, y El consejo de hierro es lo más equilibrado que le he leído hasta el momento. La Estación de la Calle Perdido sigue pareciéndome más fascinante, pero también más irregular, y La Cicatriz consigue dotar de una nueva dimensión a la palabra "desmesura".

Y a mi también me vino a la cabeza la saga Final fantasy al leerle, será por la imaginación desatada que comparten, será porque Mieville no tiene absolutamente ningún prejuicio a la hora de asumir influencias (igual que no lo tiene a la hora de mezclar géneros y llevarlos al extremo), da igual, los puntos de contacto están ahí. Y de "mero entretenimiento novelado" nada, de la misma manera que en la novela está el pulp más puro y desatado están también Ballard, Moorcock y Cortazar en una fusión salvaje. Lo más sencillo al intentar una mezcla de ese tipo es acabar haciendo el ridículo, el hecho de que resulte fascinante da la medida del talento de Mieville.

kuroi yume dijo...

la leche!, no le puedo quitar la razón, evidentemente, pero qué frustrante es que un comentario sea mucho más útil que el artículo en sí, jejejeje