Decía en un post anterior que Fringe era poco más que "una reescritura diseccionada desde el punto de vista científico de cada uno de los temas que trató la ya añeja serie de Chris Carter", refiriéndome, claro está a Expediente X. Y lo decía de forma algo valiente ya que sólo había visto 4 capítulos.
La cosa es que este paralelismo se convierte en la base de la serie creada por J.J. Abrams, y deja de tener importancia conforme van avanzando los capítulos. Eso lleva a que, en el fondo, toque las mismas cuestiones que volvían locos a Mulder y Scully, pero dejando ver al espectador un poco de lo que hay tras las cortinas de humo del misterio. Y todo gracias al magnífico personaje del "Mad Dr." Walter Bishop, un caramelo para cualquier actor y desde luego una delicia para el espectador. O si no, díganme que no les gustaría ver al malo de las pelis de serie B de toda la vida, viejo, acabado, y en un estado iniciático de degeneración senil, del que una agencia gubernamental especial utiliza sus momentos de lucidez para resolver casos de otros científicos locos...
Ese era otro punto del que me quejaba en mi anterior texto: "Si algo parece fantasía, aparece una máquina que, con la más alta tecnología, puede demostrar con el doble de taquiones que es absolutamente factible. Lo peor es que lo camuflan de conspiranoia más que de ciencia ficción". La cosa es que a través de los capítulos, ese mismo problema se va convirtiendo en un punto a su favor, gracias que se va dejando llevar hacia la ficción y al pulp. Al principio, Fringe, se toma demasiado en serio a si misma: Intentan usar ese plus científico, esa plausibilidad de los fenómenos paranormales, para colocarse en un tono de seriedad que debía darle realidad a la serie, como queriendo marcar al espectador con el miedo a la ciencia moderna. En cambio llega un punto en el que se olvidan por fin de esa tensión por mantener los pies en la tierra, y empiezan a aparecer monstruos gigantes, hombres mutantes con garras y colmillos, y realidades paralelas. Es entonces cuando la serie pasa de ser una modernización de un clásico de la TV a ser una creación con personalidad propia, desarrollando además una linea argumental con un cliffhanger final la mar de interesante.
Pero esa soltura no se nota en absoluto en la densidad de los capítulos, largos hasta la extenuación (esos 15 minutos más que una serie standard se notan y en exceso), y con mucha carga de información. Tanta que tengo la sensación que esconde bastante más; es decir, una estructura interna muy compacta, con una coherencia interepisódica que he sido sólo capaz de ver fugazmente. Me explico.
Varias veces he tenido la sensación de deja vu, y sólo en algunas de ellas he conseguido encontrar la causa. En todos los casos eran puntos que relacionaban a nivel icónico, que no argumental, un episodio con el anterior. Por ejemplo hoy aparece tangencialmente un tatuaje especial, y la semana que viene el argumento lleva a pensar que algo similar al dibujo ha cobrado vida (aunque sólo sea una trampa intelectual y al final no sea lo que imaginas). O hoy alguien habla de Spock y al siguiente capítulo aparece Leonard Nimoy. A ese nivel pero de forma recurrente.
La cosa es que mi opinión sobre la serie ha evolucionado de una sospecha que me provocaba cierto disgusto, a una sensación de agradable motivación que hace que ahora ande esperando con ansias a que vuelva en septiembre... La que iba a ser una serie de transición entre mis series primordiales, se ha convertido en otra que va a requerir más series de transición para aplacar las ansias entre sus temporadas.
Estoy acabado.
Ah, y sí, debo admitir que la protagonista esta muy buena, que luego me critican vds. por dejarme puntos de análisis tan importantes...
La cosa es que este paralelismo se convierte en la base de la serie creada por J.J. Abrams, y deja de tener importancia conforme van avanzando los capítulos. Eso lleva a que, en el fondo, toque las mismas cuestiones que volvían locos a Mulder y Scully, pero dejando ver al espectador un poco de lo que hay tras las cortinas de humo del misterio. Y todo gracias al magnífico personaje del "Mad Dr." Walter Bishop, un caramelo para cualquier actor y desde luego una delicia para el espectador. O si no, díganme que no les gustaría ver al malo de las pelis de serie B de toda la vida, viejo, acabado, y en un estado iniciático de degeneración senil, del que una agencia gubernamental especial utiliza sus momentos de lucidez para resolver casos de otros científicos locos...
Ese era otro punto del que me quejaba en mi anterior texto: "Si algo parece fantasía, aparece una máquina que, con la más alta tecnología, puede demostrar con el doble de taquiones que es absolutamente factible. Lo peor es que lo camuflan de conspiranoia más que de ciencia ficción". La cosa es que a través de los capítulos, ese mismo problema se va convirtiendo en un punto a su favor, gracias que se va dejando llevar hacia la ficción y al pulp. Al principio, Fringe, se toma demasiado en serio a si misma: Intentan usar ese plus científico, esa plausibilidad de los fenómenos paranormales, para colocarse en un tono de seriedad que debía darle realidad a la serie, como queriendo marcar al espectador con el miedo a la ciencia moderna. En cambio llega un punto en el que se olvidan por fin de esa tensión por mantener los pies en la tierra, y empiezan a aparecer monstruos gigantes, hombres mutantes con garras y colmillos, y realidades paralelas. Es entonces cuando la serie pasa de ser una modernización de un clásico de la TV a ser una creación con personalidad propia, desarrollando además una linea argumental con un cliffhanger final la mar de interesante.
Pero esa soltura no se nota en absoluto en la densidad de los capítulos, largos hasta la extenuación (esos 15 minutos más que una serie standard se notan y en exceso), y con mucha carga de información. Tanta que tengo la sensación que esconde bastante más; es decir, una estructura interna muy compacta, con una coherencia interepisódica que he sido sólo capaz de ver fugazmente. Me explico.
Varias veces he tenido la sensación de deja vu, y sólo en algunas de ellas he conseguido encontrar la causa. En todos los casos eran puntos que relacionaban a nivel icónico, que no argumental, un episodio con el anterior. Por ejemplo hoy aparece tangencialmente un tatuaje especial, y la semana que viene el argumento lleva a pensar que algo similar al dibujo ha cobrado vida (aunque sólo sea una trampa intelectual y al final no sea lo que imaginas). O hoy alguien habla de Spock y al siguiente capítulo aparece Leonard Nimoy. A ese nivel pero de forma recurrente.
La cosa es que mi opinión sobre la serie ha evolucionado de una sospecha que me provocaba cierto disgusto, a una sensación de agradable motivación que hace que ahora ande esperando con ansias a que vuelva en septiembre... La que iba a ser una serie de transición entre mis series primordiales, se ha convertido en otra que va a requerir más series de transición para aplacar las ansias entre sus temporadas.
Estoy acabado.
Ah, y sí, debo admitir que la protagonista esta muy buena, que luego me critican vds. por dejarme puntos de análisis tan importantes...
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