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20101020

Sitges 10: A Serbian Film

serbian

Por Hombre Lobo

En un alarde de caradurismo considerable hemos decidido aprovechar la reciente polémica en torno a A Serbian Film (2010) para hacer de ella nuestra reseña número cuatrocientos en lo que llevamos de existencia. Llego como tantas otras veces tarde dado que muy probablemente la incendiaria reacción de los guardianes de la moral y la corrección política habrá producido el muy predecible efecto de hacer que ya todo el mundo la haya visto por un medio o por otro, pero eso es algo a lo que por otra parte estamos acostumbrados en esta página. En todo caso, y aparte ya del hecho meramente cinematográfico, cabe preguntarse si realmente el objetivo o el principal punto de valoración de esta película del director Srdjan Spasojevic debe estar en su capacidad (o no) de escandalizar al personal o por el contrario de haber realizado un auténtico despliegue de brutalidad para transmitir una idea de la que no se habla lo suficiente.

Para los cuatro o cinco que no lo sepan aún, A Serbian Film cuenta la historia de un porno-star retirado llamado Milos que de la noche a la mañana recibe una jugosa oferta para participar en el rodaje de una porno "artistica" rodada en el más hermético secretismo y de la cual no sabrá absolutamente nada hasta el día de su participación. La desorbitada cantidad de dinero que se le ofrece y la pinta de los responsables resulta indudablemente sospechosa, pero para Milos la tentación de proveer un bienestar definitivo a su joven esposa y a su pequeño hijo es demasiado grande, por lo que termina aceptando. Además, la película deja muy claro algo que el protagonista termina por confesarse a sí mismo: aunque su boca diga lo contrario, echa de menos el arte en el que él era el indiscutible amo. Por supuesto, no tardamos en descubrir pronto la verdad (principalmente porque ya lo sabíamos incluso desde el trailer); la película que Milos es obligado a rodar es en realidad un snuff-film donde se cometen todo tipo de atrocidades y perversiones, y una vez dentro será imposible salir.

Es todo este catálogo de bestialidades lo que ha sido más publicitado de A Serbian Film, y la verdad es que en ella ocurren cosas que no estamos muy acostumbrados a ver en un cine, algunas genuinamente desagradables. Sin embargo creo que debo decir (aunque con ello seguramente me estaré ganando una hornada de comentarios no tan positivos) que la dureza de estas secuencias tampoco me ha parecido para tanto, y todos los que han leído este blog durante años saben que no soy un gran conocedor ni mucho menos un aficionado del terror físico. Pero incluso yo he visto en la última década, sin ir más lejos, ejemplos provenientes de Francia en los que la violencia era usada de forma mucho más perturbadora, incluso dentro de lo que podría considerarse el mainstream. De hecho puedo afirmar abiertamente que en cuestión de chunguez la película tiene una secuencia mucho más siniestra en las primeras sesiones de rodaje de la película de Milos, en las que la sangre todavía no ha empezado a saltar y en las que el director consigue una atmósfera de horror y tensión muy lograda. En cuanto al resto, los mayores horrores no provienen de aquello que se muestra (superado muchas veces en cuanto a generosidad del rojo líquido) sino en cuanto a que los hechos mostrados representan en sí mismos grandes tabúes cinematográficos: violaciones, incesto, pedofilia, necrofilia y demás lindezas. Todo esto, sin embargo, está mostrado la mayoría de las veces desde una óptica tan exagerada y desproporcionada que no se le puede negar cierto manejo del absurdo e incluso del humor, resaltado además por el caricaturesco personaje del director de la película. Nada de esto ha parecido importar al final para el sector más conservador de la crítica, incapaz por lo visto de ver más allá de las múltiples vejaciones que Milos y el resto de los personajes sufren.

Todo esto en cierta forma estorba porque ha terminado por eclipsar ante muchos el marcado contenido político de la cinta, ya que Spasojevic pinta un nada disimulado retrato de la psique de la Serbia de la post-guerra y los traumas del conflicto de los Balcanes (no en balde el tremendamente adecuado título). Esto es algo que en un principio no creía, pero he tenido finalmente que ver la película para rendirme ante la evidencia de que su principal responsable no está simplemente ridiéndose a la explotación; en A Serbian Film se utiliza la violencia para construir un discurso alrededor de ésta y sobretodo para dar una imagen pesimista y en ocasiones cínica sobre una sociedad que mantiene un tupido velo sobre algunos de sus elementos más escabrosos, una fachada que lo ocupa todo, desde los círculos de poder hasta el núcleo familiar. De hecho uno de los aspectos más interesantes del personaje de Milos (y en cierta forma reflejado en el concepto del poster publicitario) es que la película de marras no hace sino sacar horrores que ya estaban dentro de él y que se ha visto forzado a descubrir en contra de su voluntad. Tal coherencia de discurso (rematado además con una imagen final de esas que caen como una bofetada) deja muy mal a aquellos que sólo han sabido ver en la cinta una supuesta apología de la violencia.

Llegados a este punto sería hipócrita de mi parte no mencionar al menos de pasada la absurda polémica que ha surgido en torno a la película en su accidentado paso por varios festivales españoles, que se ha saldado con una estéril discusión estimulada por un pseudo-periodismo de baratillo y una moral pacata que ha llevado a la cinta incluso a ser retirada de ciertos pases por oden judicial. El hecho de que en el 2010 todavía haya gente incapaz de distinguir la realidad de la ficción e incluso sugerir que ambas conllevan la misma carga moral es cuanto menos preocupante.

Esto lo dice alguien que, entre otras cosas, tampoco se ha sentido excesivamente entusiasmado por la película; si debo ser sincero, la verdad es que me ha gustado sin demasiados aspavientos. Ciertamente es una cinta que maneja muy buenas ideas, contiene una gran energía, una estructura dramática interesante (ese gran flashback fragmentado que dura media película) y una potente y perturbadora atmósfera inicial. Pero con todo eso, a medida que nos vamos acercando al clímax final pienso que se vuelve un poco tonta y demasiado descabellada como para poder ser tomada en serio. Pero no me teneis que hacer caso a mí: lo mejor que podéis hacer cada uno es ver personalmente A Serbian Film y juzgar por vosotros mismos si es realmente una de las películas más brutales que se han hecho últimamente o si por el contrario, es una cinta en la que dicha brutalidad está (muy bien) puesta al servicio de un contenido político que ha pasado casi desapercibido por culpa del par de meapilas de rigor y las falsas alarmas creadas por el escándalo fácil y que corre el riesgo de eclipsar sus auténticos y más duraderos logros. Desde aquí creo que nos decantamos por la segunda opción.


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