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20101017

Sitges10: The Last Exorcism

lastexorcism

Por Hombre Lobo

Las inevitables comparaciones con El exorcista (1973) y el hecho de estar sepultada en medio de la reciente moda del cine de terror con aspecto documental han, por desgracia, ocultado las mayores virtudes de una película como El último exorcismo (2010), la cual no solamente tiene la ventaja de huir del susto fácil y efectista sino que encima funciona como indagación sobre el fenómeno de la religiosidad y la irrupción del terror en la vida cotidiana de una forma no muy diferente a lo que en su momento hicieron cintas como El bebé de Rosemary (1968). Tampoco ayuda el hecho de que su campaña publicitaria y el material divulgado (incluyendo la imagen que adorna esta reseña) la mostraran como algo que definitivamente no es: una película de terror efectista en la que el fenómeno de la posesión tiene un marcado protagonismo. Para colmo, no fueron pocas las personas en acercarse a ella con prejuicios debido al crédito como productor ejecutivo de Eli Roth, argumento sorprendente ya que el director de Hostel (2005) sólo apadrinó la distribución de la película y no tuvo nada que ver con su modesta producción.

Lo cierto es que El último exorcismo es una película muy diferente que utiliza su formato de falso documental para establecer una confrontación entre la Razón y la Fe, lo que la asemeja más a una hipotética continuación del tema mostrado en El exorcismo de Emily Rose (2005), sólo que vista desde la perspectiva de un pastor protestante que contacta a un cámara y a una productora para rodar un reportaje sobre un exorcismo en el que expondrán al mundo la mentira de su labor como obrador de milagros. Esto no sólo sirve para el tema ya antes mencionado sino que además establece la ya clásica premisa del religioso que ha perdido la Fe y se da de bruces con la existencia del Mal. Todo esto sin artificios (más allá de una banda sonora que recalca de manera innecesaria los momentos más siniestros) y presentado con una estética cruda, feísta y supuestamente "aburrida" en la que los momentos de genuino terror son pocos y tardan en llegar. Con semejante presentación, es comprensible que gran parte de su público natural se haya sentido engañado con las promesas de una cinta de terror visceral llena de contorsiones y enfrentamientos con el Demonio. Tales elementos están presentes, sobre todo en el tramo final de la película, pero no son lo principal.

Es precisamente este tramo final, en el que se desata la mayor parte del contenido sobrenatural de El último exorcismo, donde se evidencia aquello que el director alemán Daniel Stamm quiere contarnos: una historia que no solo contrapone los conceptos de racionalidad científica y fervor religioso, sino que además toca otros temas igual de interesantes como el satanismo escondido y el temor hacia la pobreza y aislamiento de las sociedades rurales. Es comprensible que muchos estén ya un tanto cansados de la vertiente supuestamente realista de este tipo de cine de terror, pero el caso es que en esta ocasión este formato está tratado con inteligencia y con un objetivo que va más allá del salto-en-la-silla. Las opiniones que he leído son muy dispares; evidentemente no ha calado en todo el que la ha visto, pero a mí me ha parecido de las más inteligentes que se han estrenado esta temporada y una que realmente vale la pena ver. Como decíamos antes, las comparaciones con la película de William Friedkin son innecesarias en cuanto a que ambas únicamente tienen en común la premisa del exorcismo y la idea de que el Mal existe, pero ésta de la que hablamos hoy tiene objetivos muy diferentes que por desgracia han quedado minimizados por una falsa impresión causada por su material publicitario (que incluía una francamente curiosa publicidad viral en Chat Roulette) que intentaba disfrazarla como una película de miedo convencional. Acercaos a ella sin prejuicios, que recomendada queda.



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