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20111015

con retraso, desde sitges 2011... (X)

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sábado 15


The Thing (Matthijs van Heijningen, 2011)
the thing

Me senté en el Auditori con la idea de que este remake-precuela del clasicazo de Carpenter no iba a hacer bueno el madrugón que acababa de pegarme (sé que una sesión a las 9:00 no es una barbaridad, pero valórenlo si llevan 10 días durmiendo no más de 4 horas cada noche). Pero la mayoría de los que estábamos allí (en condiciones físicas parecidas, o incluso peores) salimos bastante sorprendidos. Porque este engendro que le ha salido a Matthijs van Heijningen funciona bastante bien en ambas funciones (versión y antecesora). Si bien los tiempos ya no son como los de aquella lejana década de los 80, y el espectador tiene otros requisitos cuando se acerca a una película de género. Me refiero claramente a exhibir la nave espacial con todas sus lucecitas, y sobre todo al monstruo con la imperiosa necesidad de mostrarlo en todo su esplendor, de forma clara, en todas las escenas en las que sea posible. Se opta por la espectacularidad, cosa que en el fondo es de agradecer dado que poco misterio hay que conservar al tratarse de una precuela: todos sabemos cómo debe terminar esa base noruega, y cómo debe continuar después en la base estadounidense, así que no me parece una mala elección. Pero de todas formas, y como ya he comentado, es tanto una precuela como un remake, y no se corta a repetir escenas clave de la película original, como en la que alguien debe tomar el mando y dividir a los investigadores entre sospechosos y confiables. Y la película tampoco desentona en este momento, porque es evidente que, en situaciones similares, cualquier grupo de gente debería comportarse de forma parecida si pretende sobrevivir. Así que una sorpresa a primera hora que abría un último día super interesante.



Drive (Nicolas Winding Refn, 2011)
drive

El Festival de Sitges del 2009 nos permitió, con dos películas maravillosas, Bronson y Valhalla Rising, el descubrimiento de Nicolas Winding, un director interesantísimo y bastante peculiar. Por eso, Drive era una de las películas más esperadas del presente año, y hay que reconocer que no decepciona en ningún ámbito. Intensa, jugando con la contención absoluta del hierático protagonista (parco en diálogos y gestos, pero no en transmitir emociones), en un guiño constante con el cine ochentero (ese personaje solitario y molón, con chupa deportiva, ray-ban de piloto, palillo en la boca, con esos títulos de crédito de neón rosa…) y eventualmente tierna y dramática a pesar de un argumento que puede resultar simple y manido. Pero no por sencillo deja de ser emocionante: Un doble de acción cinematográfico, piloto de carreras en sus tiempos libres y conductor mercenario de coches en robos cuando es requerido, vive su emocionante vida sin que le aumenten las pulsaciones, hasta que una mujer se cruza en su camino y su vida, tanto interior como exterior, empieza a cambiar. Drive es, en definitiva, una bonita historia de amor imposible, emocionante y conmovedora, pero obviando la parte sensible y blanda... Y molando mucho.
De hecho, durante toda la película notaba ciertos paralelismos con otra cinta que me tocó particularmente en mi adolescencia como es Cosas que Hacer en Dever cuando Estás Muerto, por su sentido de la masculinidad, del amor, de la amistad, y del honor inquebrantable, en un mundo de violencia e ilegalidad.



Killer Joe (William Friedkin, 2011)
killer joe

La sesión sorpresa del sábado, que seguía dos grandes éxitos de crítica en el Auditori, podría haber sido un fiasco terrible. Pero no cabe duda que la apuesta de la organización por William Friedkin y su adaptación de una pieza teatral de Tracy Letts tenía el éxito casi asegurado. Y esta historia de miseria, engaños y venganza, interpretada por una panda de actores en excelente forma artística que sobresalen de su condición de secundarios (maravilloso el trio Thomas Haden Church, Gina Gershon y Juno Temple), y protagonizada por un, debo reconocerlo, escalofriante Matthew McConaughey (en la actuación de su vida) aterra porque es una innegable muestra del débil contenedor que mantiene unida a una unidad familiar en condiciones de extrema necesidad, y cómo en determinadas ocasiones es fácil aceptar lo horrible como parte de uno mismo, simplemente si parece aportar un poco de esperanza. En la línea de otras adaptaciones de teatro moderno, los actores se mueven en escenarios reducidos y poco variados, pero no es necesario más. Lo importante son los diálogos complejos que proveen de un ritmo endiablado a una historia delirante, en este caso siendo ésta una espiral de destrucción mutua cuando una familia contrata a un asesino a sueldo para que acabe con la ex mujer del padre y así cobrar su seguro de vida. Intensa y extraña, tiene como final un horror de proporciones épicas que (y es un logro que no se aprecia muy a menudo) no se recrea más de lo debido y sabe cuándo debe acabar. Un excelente broche, para el mejor arranque de día del presente certamen.



Tan bueno fue este arranque matinal de este el último día de Festival (para mí, las maratones del domingo están prohibidas por razones de conservación de la cordura), que acabé decidiendo no ver ninguna de las películas que tenía previstas para la tarde. NADA podría coronar mejor al Sitges 2011 que las tres películas de la mañana del sábado 15. Acabar con un buen sabor de boca. Creo que ningún año he podido decir algo semejante con tanta certeza. Y con la perspectiva de los día, creo que fue una excelente decisión.

Y ya está. El año que viene, MÁS.





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