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20121005

Sitges 12: Nameless Gangster (Yun Jong-bin, 2012)

nameless gangster


Es ya una costumbre: Una vez al año, una película coreana nos revuelve las tripas con un frío, preciso y cruel ejercicio de análisis de la capacidad humana para la supervivencia. A través de un viaje subjetivo, o no, los protagonistas de estas películas se refugian siempre en una violencia desmedida que no es más que una excusa estética (y ahí tiene nace el encanto de este cine) para mostrar el esfuerzo vital de una clase miserable y sin futuro para salir adelante.

Pero Nameless Gangster no es, en absoluto, el ejemplo de este año. No al menos del modo que se podría esperar. Obviando los antecedentes del cine coreano hiperviolento y esteta que tan bien funciona en los festivales internacionales, como puedan ser Seom, Memories of Murder, OldBoy, The Host, I Saw the Devil, o Bedevilled, la película que nos ocupa está más cercana al thrller policíaco de Hong Kong, con sus tríadas bailando entre alianzas, traiciones, y exaltación de la masculinidad y el honor, que a otra cosa. Se podría pensar, entonces, que sería más parecida a la excelente The Yellow Sea, que se aleja muy poco de las seminales obras de autores como Park Chan-wok o Kim Ki-duk, pero estaríamos muy equivocados. Yun Jong-bin dirige aquí a varios de los actores que se han hecho célebres con ese cine más visceral, sirviéndose de ellos para construir una historia con un cariz más clásico y sosegado. Y a partir de la confusión inicial que ese cambio de roles provoca, consigue narrar la ascensión y caída de un personaje totalmente escurridizo, para realzar las relaciones entre personajes, y los entresijos históricos de la sociedad coreana de finales del siglo pasado. Y todo ello a la vez que deja de lado prácticamente toda la poesía habitual de sus compatriotas, cambiándola por el humor y la ironía más propia del cine de acción hongkonés.

Pero aún hay otra característica de Nameless Gangster que la aleja también del tipo de cine que hacen sus adrenalíticos vecinos chinos, y la hace más clásica y única si cabe. Y es su completa falta de épica. Por poner un ejemplo que lo aclare, esta película narra cómo un sinvergüenza de poca monta acaba en uno de los puestos más altos de un importante clan mafioso, al más puro estilo Casino o Uno de los Nuestros, y es en ese espejo en el que el director parece estar mirándose todo el rato, pero lo hace desde la humildad de unos personajes a los que les ha tocado vivir una época convulsa de la historia de Corea del Sur.

Y quiero resaltar que es una excelente película, porque esa singularidad y timidez en las pretensiones podría acercarla al thriller convencional coreano, que cuenta con mediocridades aburridísimas como Howling, con las que afortunadamente no tiene nada que ver.

En definitiva. Nameless Gangster  está excelentemente hilvanada y es un viaje muy disfrutable, pero seguramente tendré que esperar a Pietà del Maestro Ki-duk para la ración anual de cine coreano festivalero que busco.



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