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20141008

Sitges 2014: Oculus (Mike Flanagan, 2013)


Oculus


Un efectivo trailer había puesto las expectativas realmente muy altas con Oculus, y más teniendo en cuenta que el cortometraje homónimo en el que se basa había tenido bastante éxito en su momento. Quizás por eso llevaba la guardia algo alta al ponerme delante de la película: de la última hornada de cine que parasita la ya escasa contribución de James Wan al horror, pocas cintas aportan algo realmente interesante al género. Y que conste que no soy yo el que saca a colación a Wan, es el propio trailer el que bien hace bandera de la producción de Jason Blum (Blum House), también productor de Insidious.

Mi desconfianza, sumada a un inicio de película algo desorientado (a pesar de que imagino que su intención era en realidad desorientar al espectador), hizo que me pusiera pronto en contra de lo que me estaban contando, y que me fijara demasiado en los trucos fáciles de superproducción sobrenatural hollywoodiense que en otro momento hubieran pasado más inadvertidos. Las dos historias, por ejemplo, arrancan entrelazadas saltando del pasado al presente con tan poca pericia que hacía que pareciera un truco barato de relleno para dar empaque a un argumento pobre.

Pero el guión no tarda en corregir esa confusión inicial y, de esos saltos temporales demasiado aleatorios, que además enarbola como su mayor y más interesante aportación, se pasa a unos más sutiles saltos contextuales a partir de objetos y situaciones, que empiezan a jugar de verdad con la premisa de la película: No puedes confiar en lo que ves. El verdadero Mal está en esa confusión que mezcla sueños, recuerdos, realidades y cosas que no han pasado nunca. En ese nuevo estado del juego, Hollywood se difumina, y la truculencia de galería (arrancarse uñas, ¿en serio?), el aumento de volumen de la banda sonora, las mujeres arquetípicas del horror oriental (¿de verdad era necesaria la larguísima peluca morena y lacia de la antes pelirroja madre Katee Sackhoff?), o los flashbacks sobre cosas de las que no se ha podido ser testigo, dejan de ser un verdadero problema para dejar paso a un desenlace tan previsible como (debo reconocerlo) funcional.

Eso sí, para ser una película en la que el objeto protagonista es un espejo, el encargado de la fotografía parece estar muy poco interesado en las leyes de la reflexión del mundo real. No hay ni un sólo plano en el que el ángulo del reflejo sea creíble. Sé que la realidad se empeña en hacer difícil el arte, pero un poquito más de esfuerzo se hubiera agradecido.



EXTRA:
Aquí está el cortometraje original. No creo que dure mucho online, así que disfrútenlo lo antes posible, porque es lo mismo pero sin toda la traca de clichés prefabricados, ni el arte sobrecargado.












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