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20150910

Reseñas para mi hija de (ya) cuatro años: ¿a quién le está hablando?



aladdin



Dana ha nacido en algo que se parece mucho al futuro que nos prometieron. Quizá la distopía no es tan marcada como se suponía, y los avances tecnológicos se han mezclado tanto con lo natural que apenas los percibimos como asombrosos. Pero es el futuro mágico en el que yo, con su edad, hubiera estado encantado de vivir.

Y eso implica pequeñas avalanchas de información, inputs y entes culturales, que quedan a disposición de sus preciosos y nada sorprendidos ojos. El futuro es una niña de cuatro años que no duda ni un segundo que todo está a su alcance. Siempre.

Y yo me preocupo porque eso sea cierto. Siempre. Pero la avalancha sí que me sobrepasa a mí. La impaciencia me puede y no soy capaz de ponerla al día con todo lo que quiero que ella conozca. Con todo lo que quiero que vea. En el fondo, imagino que ese es el proverbial salto generacional: querer poner a tu altura contextual a una personita que ha nacido 30 años después que tú.

Ella y yo descubrimos películas nuevas cada día, claro. Y es fascinante. Pero el cine A.D. (anterior a ella), se ha convertido en un ente fluido que, en gran parte, se nos escapa un poco cada día. Así que llega un día que me planto y me lanzo a la recolección de magia antigua. Viejas películas de animación, para tener munición en esa guerra conceptual que me he planteado.

Y entonces vemos viejas pelis de Disney, las interesantes, las que tienen cosas que aportar, y cintas de Pixar que, para mi desgracia, tienen ya miles de años. Por supuesto, también vemos otras cosas menos comunes: Quiero dejar a mi hija armada y bien dotada en el campo de batalla cultural.

Y en ello estábamos, y en el momento en el que menos me lo espero, cae la pregunta: "Papa, ¿a quién le está hablando?" Es en el inicio de Aladdin, cuando un mercader ofrece sus productos a la cámara, y ésta, no interesada en sus baratijas, se gira e intenta marcharse de la escena. El vendedor se agarra al encuadre y ofrece algo que nos interesará más, la historia del joven Aladdin...

En un principio no caigo en la profundidad de su pregunta, y le contesto fácil y rápido: "A nosotros. Ahora él nos explicará la historia”. Y acabamos de ver la película y no vuelvo a pensar en el tema.

Pero algunos días después, por un fotograma que le llama la atención, decide que quiere que veamos Fantasía. La original. La que debo reconocer que nunca he podido ver entera de una sentada. Por supuesto, es una niña de 4 años, la primera parte de la historia, la interpretación surrealista de la Tocata y Fuga de Bach, le aburre sobremanera. Y yo lucho por mantenerla interesada, a sabiendas que las siguientes historias le gustarán mucho más. Y así es.

Pero durante la parte en que unas hadas se despiertan al son de las notas de El Cascanueces, y se convierten en instrumentos portadores de las estaciones a través de la música que nace de sus movimientos, la pregunta surge de una manera diferente. Un hada, sorprendida se encuentra con la cámara. Nos mira y asustada, huye de nosotros. Los humanos no deberíamos ver el baile de la naturaleza. No sin ser invitados. Dana me mira y dice: “¿Por qué se espanta?” Y entiendo, por fin, lo que quiere saber. E intento explicárselo.

Tú estás sentada aquí, con la TV delante. Y miras lo que ellas hacen en la película. Pero lo que las hadas, o el vendedor del principio de Aladdin del otro día, hacen al hablar contigo, o al asustarse de ti, es hacerte notar que pueden verte. Que saben que las estás mirando, y también que saben que son personajes de una película. En el fondo significa que todos esos personajes tienen una TV delante de ellos también, como tú. Y que además de hacer las cosas que tienen que hacer para contar su historia, también pueden mirar esa TV. ¿Y sabes lo que ven en ella? A nosotros aquí sentados.

¿Y sabes cómo se llama a eso? Romper la cuarta pared. Porque imagina que todo lo que pasa en un película, sucede dentro de una habitación con tres paredes de ladrillo y, la cuarta pared, la de delante, la que cerraría del todo la habitación, es una gran ventana por la que puedes mirar lo que pasa dentro. La pantalla. Normalmente, los personajes son gente que alguien ha inventado para explicar una historia, y no saben que están en esa habitación cerrada. Ni que tú estás mirando. Por eso, aquel personaje que descubre que existe esa pared y que es de cristal, y puede verte y hablar contigo, está rompiendo la reglas de la historia. ¡No debería ser, es un personaje inventado, que no existe! ¡Pero puede verte! Está rompiendo la cuarta pared.

Verás que no hay muchos personajes que puedan hacer eso. Pero siempre que lo hacen, es para jugar contigo. Para demostrar que hay una relación entre lo que explica la historia y tú. Y para hacerte parte de esa historia, para convertirte a ti en un personaje como ellos.

Y ahora, vuelve a mirar las hadas. Ahora saben que las miras, y están bailando para ti. 




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