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20151022

Sitges 15, día 6 [miércoles 14]

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miércoles 14

Green Room (Jeremy Saulnier, 2015)
green room
Green Room es una verdadera gozada. Tras verla es fácil pensar en Río Bravo y en todas aquellas películas en las que los protagonistas se ven asediados con la única protección de cuatro paredes y mucha munición. En este caso, Jeremy Saulnier plantea la situación que lleva al encierro de una forma ligeramente diferente: una banda punk es testigo de un asesinato en los camerinos de un festival neonazi, y sabiendo que tienen difícil salir con vida de la situación, se atrincheran en esa habitación verde del título, en esta ocasión, sin armas y sin posibilidades reales. Si el planteamiento es ya clásico, se maneja la tensión con maestría, y la acción se dirige casi hacia un cine de horror cercano al slasher. Porque lo importante aquí no es la épica típica del western, si no la identificación con los personajes, la angustia por su supervivencia y el uso de cualquier objeto afilado que se encuentre para abrirse camino. Magnífica. Sería una justa ganadora de la presente edición del Festival.


Macbeth (Justin Kurzel, 2015)
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Macbeth es una película que se sabe enorme. Es tan grande que no tiene que preocuparse por ocultar su origen teatral, y se centra sin rubor en plantar la cámara en un sitio estático para permitir a los actores declamar sus líneas como si se encontraran delante de un patio de butacas. Unos actores de tanta capacidad que en ningún momento pierden al espectador a pesar de estar trabajando con un texto de hace 400 años. En todo caso, lo más curioso es que en los planos con grandes batallas, con extras y grandes efectos fotográficos, la escena se plantea con la cámara igual de estática y, en cambio, la sensación de poderío cinematográfico es capaz de emocionar por su vigor y movilidad. Esto es debido, en parte, a que esas escenas, sobre todo iniciales y finales, beben sin rubor de Kurosawa y su Trono de Sangre. Esta Macbeth no supera a la versión del maestro japonés (en parte porque está demasiado atada al original, cosa que Kurosawa ni siquiera se plantea): La atmósfera es calcada y aunque la película nipona es en blanco y negro, casi se intuye que los colores que hubiera utilizado eran los ocres y rojizos que ha elegido Justin Kurzel para su obra.


Slow West (John Maclean, 2015)
slow west
Con la presencia del director.
john maclean
Segunda ración de Fassbender del día. En este caso marcándose el papel de cazarecompensas en los primeros años de la expansión hacia el Oeste norteamericano. Aunque en realidad el protagonista es Kodi Smit-McPhee, el niño de la versión americana de Déjame Entrar, que aquí hace de blandito aristócrata que llega desde Europa en busca de su amada, sin saber que han puesto precio a su cabeza por asesinato. Lo que en primer momento es la instrucción unidireccional del joven aprendiendo a sobrevivir en un territorio en el que la muerte acecha en cada rincón, acaba presentándose como una historia en la que todos los personajes reciben una parte de su bondad, sencillez e ingenuidad. Por eso, Slow West acaba siendo uno de esos westerns contemplativos casi típicos, pero planteado con tanto humor y con una fotografía tan luminosa y colorida que acaba destacando entre sus iguales


February (Osgood Perkins, 2015)
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February es extraña. Estructurada la presentación de sus personajes protagonistas mediante saltos temporales, el espectador queda atrapado muy rápido por sus elipsis iniciales. El problema es que estos juegos de montaje acaban pesando demasiado cuando se recrea hacia el final de la película en narración innecesaria. Dos chicas se quedan durante unas vacaciones en el internado en el que estudian, y una tercera se va dirigiendo hacia allí, huyendo de su pasado. Poco a poco algo extraño, que implica fuerzas satánicas, se va desencadenando en esos espacios vacíos y aislados. Tanto que nada ni nadie puede evitarlo. Al final, es una cinta más de satanismo de perfil bajo.


Cop Car (Jon Watts, 2015)
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Con la presencia del director.
Jon Watts
Entrega del Premio Bacardi a Adriana Ugarte.
adriana ugarte
El argumento de Cop Car funciona como un mecanismo de relojería. Su mezcla de ingenuidad y malicia evolucionan en paralelo en una espiral de errores que prevén un desastre inevitable. Dos niños se llevan un coche de policía sin saber que en el maletero hay algo que no deberían haber visto. Mientras tanto, el shérif, propietario del coche, tiene que hacer lo imposible por solucionar la situación. Si lo que se espera de este argumento es que los niños tengan cierta picardía y hagan el camino a la madurez a golpe de trauma, y que el shérif sea un malvado sin escrúpulos que del que podemos esperar cualquier cosa, la historia se niega a caer en esos lugares comunes. Y en eso reside el verdadero valor de la película, resultando un producto emocionante e intenso, donde el trabajo de los actores es perfecto (desde los papeles infantiles, hasta el de Kevin Bacon como policía).


Cemetery of Splendour (Apichatpong Weerasethakul, 2015)
Cemetery of Splendour
Entrega del Premio Blood Red Carpet
blood red carpet
El realismo onírico y naïf que caracteriza la obra de Apichatpong encaja a la perfección en Cemetery of Splendour. El director ya había usado el recurso de la enfermedad como salvoconducto para pasar a otro plano de la realidad o épocas del pasado. De igual forma, también había provocado antes un estado de ensoñación en sus personajes para hablar de lo fantástico que nos rodea. Pues, en este caso, la linea entre fantasía y realidad se difumina aún más porque las dos ideas recurrentes se acaban por sumar: una vieja escuela se transforma en un hospital para cobijar a todos los pacientes aquejados de una extraña enfermedad del sueño. Y todas las personas que giran alrededor de esos pacientes acaban impregnándose de ese extraño estado en el que los durmientes habitan un mundo de dioses ancestrales, que ocupaban esas tierras mucho tiempo antes, y llenándolo todo (incluyendo la percepción de los espectadores) de alucinaciones de fantasmas, sueños y romance. Todo belleza y poesía mundana, capaz de hablar de amor un segundo después de plantear la escena más escatológica y surrealista del cine reciente.


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