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20151025

Sitges 15, día 8 [viernes 16]

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viernes 16

Yakuza Apocalypse (Takashi Miike, 2015)
yakuza apocalypse
En tan sólo dos películas, el Festival ha deconstruido todo el cine yakuza con precisión quirúrgica. Si Kitano opta por el humor en la decadencia para decir que los tiempos han cambiado y que no hay lugar para las reglas y el respeto en estos tiempos tan poco honorables, Miike se inclina en Yakuza Apocalypse hacia el deliro y el surrealismo para aceptar que aunque no sean tiempos para yakuzas, todo puede tener un renacimiento. Eso, sin dejar de lado el humor, claro. Porque la película es un tour de force en que que el director mezcla una historia de bandas, el horror del vampirismo, y hacer mofa de la típica escalada de final bosses (de la que ya pudimos ver un ejemplo este año en SPL 2) presentando yokais, y hasta hombres rana disfrazados de mascotas de peluche. A pesar de toda la locura, y de los soplidos de parte del público, Miike no ha perdido definitivamente la cabeza: en esta cinta sólo echa la vista atrás, a los tiempos delirantes de Full Metal Yakuza, y vuelve a no tomarse en serio a la mafia japonesa. Mucha locura, pero nada realmente subversivo.


I Am a Hero (Shinsuke Sato, 2015)
i am a hero
I Am a Hero es un caramelo para un festival como este: Una película protagonizada por un joven mangaka sin capacidades sociales, extraños zombies desbarrando en loop, mucha acción, mucha violencia y mucho más humor. Es fácil de entender por qué la platea se vuelve loca con cada nueva escena. Dejando esto de lado, acaba por ser un producto diseñado para eso, el disfrute, pero tampoco acaba por avanzar hacia ningún sitio, y se queda, como sus zombies, en un ciclo de repeticiones argumentarles que destruyen el ritmo endiablado que había adquirido en los primeros compases. En todo caso, es una de las películas más divertidas que vamos a poder ver este año, así que no hay que ponerse quisquilloso y hay que dejarse llevar sin problemas por su desenfreno.


Parasyte Pt.2 (Takashi Yamazaki, 2015)
paradyte 2
Parasyte Pt.2 sufre de lo mismo que la mayoría de las conversiones a películas de imagen real de las historias serializadas japonesas: trasladan a la perfección el diseño, el ambiente y el espíritu del manga o anime de turno, pero se pierde en justificaciones morales y sentimentalismo innecesario. Y todo lo bueno que tiene a efectos de arte y cinematografía se va a la mierda por la ruptura de ritmo que provoca tener que explicar, en el tramo final de la película, lo que en el medio original se puede ir desarrollando a través de varios capítulos, organizando mejor los tiempos para que la narración nunca pierda intensidad. Así, Parasyte Pt.2 se desarrolla como una escalada de batallas, que no aportan nada para la historia, y deben interrumpirse para explicar el sentido de lo que se esta contando. Y aquí es donde todo se derrumba, tanto por acabar con el ritmo, como por intentar justificar cosas que en la Pt.1 ya habían acabado con nuestro sentido de la suspensión de la incredulidad. Disfrutable, pero podía haber sido mucho más.


Rabid Dogs (Éric Hannezo, 2015)
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Rabid Dogs es una dignísima versión del clásico de Bava. Parece que este es el Festival de los thrillers, y este es uno de los mejores que he visto hasta el momento. El robo a un banco acaba en desastre y los atracadores secuestran a una testigo y a un padre que llevaba a su hija al hospital para realizarle un trasplante. La película transcurre en el interior del coche, casi a tiempo real, con lo que la tensión que se va creando entre los atracadores mientras se ven perseguidos por la policía y los consecuentes intentos fallidos por salir de la situación, es lo que va dirigiendo la acción. Las dinámicas que se crean van augurando un final catastrófico que el excelente guión sabe contener y dejar en suspenso hasta el momento justo, en el que varias sorpresas se desencadenan y dejan un regusto final de haber visto una película redonda.


Life (Anton Corbijn, 2015)
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Sosegada y reflexiva, Life narra la historia alrededor de cómo se tomaron las famosas fotos de James Dean para dicha revista. Parece poco argumento para rodar una película, pero es fácil de entender si pensamos que su director es Anton Corbijn. Reconocido fotógrafo, y considerado aún más como director de vídeos musicales, el cariño con el que presenta el momento en el que Dennis Stock conoce al Dean aún anónimo, consigue hacer interesante esa visión dramática de la pérdida de la propia vida y del ascenso al descontrol de la popularidad. Los actores están magníficos, si bien Dane DeHaan queda algo forzado en el papel Jimmy Dean, pero en lo que de verdad destaca Life es en la representación de las escenas relacionadas con las fotos originales. El juego realidad-ficción funciona a la perfección es esos momentos en los que las fotos de la revista cobran vida delante de nuestros ojos.


High Rise (Ben Wheatley, 2015)
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Basada en la novela homónima de J.G. Ballard, High Rise es una puta pasada. Frenética, profunda, fragmentada, con un nivel actoral estratosférico, y un guión divertidísimo, la película explica la destrucción paulatina (aunque en realidad, el declive acontece como una exhalación) de un bloque de apartamentos concebido como un experimento social utópico, al estilo de Walden Dos, en el que los diferentes estratos sociales se intentan reunir en convivencia en un único espacio aislado del exterior. La intención es la de romper las ataduras que constriñen a cada colectivo, pero acaba fracasando entre salpicaduras de sangre, revoluciones y metafórica violencia estatal. Divertidísima y muy compleja, al terminar de verla solo se puede aceptar el propio asombro, y pensar en cuándo se va a poder volver a ver para acabar de interpretar todos los datos que ha arrojado a nuestros pies en sus apenas dos horas de metraje.


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