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20151010

Sitges 15: The Taking of Tiger Mountain 3D (Tsui Hark, 2014)



tiger mountain


Era el Festival de 2005. En aquellos días el Brigadoon estaba en el Palau Maricel, y aún aguantaría una par de años más antes de pasar al Escorxador. Nunca me gustó esa localización y los más viejos del lugar siempre echaremos de menos las carpas del Paseo bajo la Iglesia. Maricel era un sitio demasiado frío e impersonal (y tengo la impresión que Escorxador lo es también pero igual me equivoco, porque debo reconocer que actualmente tengo esa sección totalmente abandonada). En todo caso, en aquella época, incluso había exposiciones en Maricel, pero lo que de verdad recuerdo con total claridad es ver una pequeña tira de dymo, etiquetando el mostrador de la recepción del edificio. En ella ponía “Tsui Hark dedícate a otra cosa”.

Creo recordar que lo que estrenaba ese año era Siete Espadas, y yo había visto muy poco del director y no sabía a qué se refería el reproche exactamente, pero no era muy difícil de suponer. Acababa de ver Los Cazavampiros, y mi opción sobre Hark era que era poco más que un remedo de Michael Bay con las pretensiones de John Woo. Pero la pegatina no dejaba de ser graciosa, porque era un comentario público, bastante descarado, y en un formato extraño y muy original.

Ya han pasado 10 años de aquello y, aunque no ha sido tan grave como para que tuviera que dedicarse a otra cosa, la sensación de que Tsui Hark es simplemente un artesano con tics de autor ha quedado muy patente en su carrera posterior. Aún así, es un clásico indiscutible del cine de Sitges. A pesar de la discusión que generan siempre su películas, siempre ocupa un lugar tanto en el programa oficial como en los corazones de todos los fans del Festival.

Pero este año es algo diferente porque presenta esta rareza llamada The Taking of the Tiger Mountain. Y es extraña porque, a parte del nervio habitual, sus excesos de violencia hedonista (como las muertes a cámara lenta, el bullet time, o las repeticiones dramáticas), se presenta todo en un ambiente extraño que mezcla las maneras del Wuxia con el cine bélico. Además juega con el presente y el pasado de la historia a través de un flujo que confunde durante el larguísimo metraje, pero que al final acaba de cerrar todo el conjunto de una forma bastante digna.

La cuestión es que esa dignidad parece intentar asomar la cabeza durante toda la película y en esta ocasión debo reconocer que creo entender que ese esfuerzo tiene un objetivo de coherencia cinematográfica, y eso siempre es de agradecer: La cinta se basa en un pasaje de la historia de China que, elevada a la categoría de mito fantástico, Hark manipula a su antojo. Pero planteando la narración desde el presente, con un descendiente de los militares que allí lucharon como protagonista en un viaje de redescubrimiento, se ofrece un punto de realidad y homenaje que ni los personajes más esperpénticos, ni las escenas más espectaculares y ridículas pueden ocultar.

Otra cosa es que la espectacularidad del impecable 3D, la ridiculez épica de las coreografías de acción, y las explosiones apocalípticas pongan todo su empeño en mandarlo todo al infierno del cine fantástico digital de bajo presupuesto. Pero oye, ¿qué esperabas?

Aunque luego está su final alternativo: la escena de acción más over the top que se puede uno plantear, incluso para el bueno de Tsui, pero que tomada como un extra sin conexión con lo que se ha contado hasta ese punto no tiene por qué afectar demasiado al resultado final.

En todo caso, voy mirando por todas las paredes por si el etiquetador justiciero de aquel 2005 vuelve a aparecer a dar su opinión sobre el director y a aclararme un par de cosas al respecto.



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