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20160205

en tierras de cine (XIII): la huella del campeón (Rocky, 1976)



Rocky: Hey... you know how I said that stuff on TV didn't bother me none?
Adrian: Yeah?
Rocky: It did.


rocky


RELATO CINECARTOGRÁFICO
72 escalones subidos de tres en tres. La música le dice que ahora podrá volar. Ha recorrido la ciudad corriendo al máximo que le daban sus piernas. En el mercado italiano, entre la 9a Sur y Carpenter, algunos vecinos le han reconocido y dado ánimos. Ha cruzado las atarazanas del Delaware, con New Jersey de fondo. Y las vías de la estación de la Calle 30. Y al fin ha llegado exhausto a los pies del Philadelphia Museum of Art. Pocos creen en él. Vive en el límite de la miseria y tiene poco más en la vida que su amor por Adrian y sus sueños de grandeza. Son los años finales de la década de los 70. Philadelphia había destacado por su industria ferroviaria, pero como la mayoría de ciudades industriales del nordeste de los Estados Unidos, la caída de la economía ha sido un duro golpe tanto para las empresas como para sus habitantes. Y eso se refleja en sus ojos. Robert Balboa no tiene la mirada más brillante de la ciudad. Pero tiene esperanza y mucha confianza en sí mismo. Ha llegado a lo alto de esos 72 escalones después de una dura sesión de entrenamiento, y ahora, con la ciudad a sus pies, lanza duros golpes al aire. En la lucha contra si mismo y sus posibilidades, ha vencido con toda claridad. Testigos son el majestuoso ayuntamiento estilo Segundo Imperio, y el monumento ecuestre a Washington. No hay nadie, pero en la cabeza de Balboa suenan los vítores enfervorecidos de miles de espectadores del Spectrum Arena. Corean su apodo, “Rocky, Rocky”. Por eso alza los brazos enchido de testosterona y felicidad. Él ya ha ganado, salga victorioso de su combate contra Apollo Creed o no. Y Philadelphia también ha ganado. Un icono, una imagen para la imaginería popular. Más fuerte que sus museos, que su importancia histórica en el relato de la nación americana. De echo, Silvestre Stallone hizo construir la estatua de bronce que aparece en lo alto de la escalera en Rocky III y la entregó a la ciudad. Pero el museo acabó por considerarla más un pieza de atrezzo cinematográfico que una obra de arte. Y la realojó a los pies de los escalones, donde ahora reside. Pero la importancia del símbolo es tanta que la ciudad ha tenido que rectificar parcialmente y han marcado el último escalón con las huellas de las Converse del campeón. Ahora allí hay una fantasma y miles de curiosos ocupando su espacio: El eco de una figura con los brazos alzados, que es más fuerte que las convenciones artísticas y la importancia del paisajismo urbano. Porque esta es una de pocas la veces que el espacio se define a través de un personaje, y además en una connotación positiva. Rocky pone en la mente del visitante de esa parte de Philadelphia la idea de esfuerzo, esperanza, y grandeza salida de la voluntad personal. Un atractivo turístico demasiado apetitoso para echarlo a perder. En cambio, se ha fantaseado con una acción similar para el Detroid de Robocop pero claramente el fantasma de policía plateado y las imágenes que subyacen a la ciudad en esa película no son nada de lo se pueda presumir. Pero desde luego, estos son el mejor ejemplo de que la ficción también es capaz de dejar huella sobre el mundo real.



FICHA TÉCNICA
Nombre del lugar: Escaleras del Philadelphia Museum of Art.
Visitante: Rocky Balboa (Sylvestre Stallone).
Fecha de la Visita: 1976.
Situación: Estados Unidos de América. Pennsylvania, Philadelphia.
Dirigido por: John G. Avildsen.
Director de Fotografía: James Crabe.
Director de Arte: James H. Spencer.
Efectos Especiales: -
Año: 1976


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