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20160326

etdc (XX): espectadores de la sombra que crece (The Babadook, 2014)


Amelia: No eres nada. ¡No eres nada¡ ¡Esta es mi casa! ¡Has entrado sin permiso a mi casa! ¡Si tocas a mi hijo otra vez, te mataré!
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RELATO CINECARTOGRÁFICO

The Babadook es la maternidad como ese lugar escalofriante al que te precipitas, casi por accidente, y que cambia tus pesadillas infantiles por responsabilidades ajenas a tus capacidades, angustias sobreprotectoras y una total alienación de todo tu ser, incluyendo tus miedos. Es la esclavitud sentimental forzada a nivel evolutivo, el completo vasallaje paranoide a un nuevo ser que no existiría si ti. Un miedo informe a la pérdida y a la incapacidad propia que no se puede ni controlar ni evitar.

Por eso la idea del monstruo multiforme, genérico, ajeno, y a la vez tan propio como los miedos adultos, representado en la película en algunas ocasiones por un sonido, o una sombra incontrolable, o por esa mezcla entre Ze do Caixao y Lon Chaney en La Casa del Horror: No importa cómo es, lo importante es que siempre está ahí. Acechando. The Babadook trata tanto sobre los monstruos que nos asaltan en la noche, como sobre los monstruos que llevamos dentro. Eso convierte lo que parece un film de horror convencional en algo más íntimo, una sencilla alegoría sobre el trastorno y el duelo familiar. Compartido y secreto.

Y la forma de mostrar ese terror privado se hace desde el sonido, a través de una sinestesia forzosa y orgánica, síncronizada con movimientos de cámara, o con lapsos de tiempo, que no son sino mapas de ruta que ayudan al espectador a adentrarse en ese horror que atenaza a los protagonistas. Pero de señalar el camino también se encargan unas imágenes estilizadas, llenas de sobriedad y claroscuros que son el reflejo de la dualidad que predomina en la historia: madre / hijo, vida / muerte, locura / sensatez, realidad / imaginación.

Y el mejor ejemplo de esto es la imagen que abre este texto. Un sofá y una silla, escorados en ambos extremos del fotograma, equilibrando la imagen, ligeramente girados hacia lo que se esconde más allá de la oscuridad, como alejándose poco a poco del espectador, que en esta ocasión tiene el punto de vista de la madre. En la habitación de matrimonio, hay un asiento para cada progenitor. La disposición se refuerza con las maderas del suelo, orientadas a un punto de fuga central, pero lejano, marcando el lugar done confluye todo. Más allá de la oscuridad infranqueable se protege y esconde el mismísimo miedo visceral de la familia, de nuevo la pérdida, la fractura, lo desconocido por venir. La parte iluminada, visible, escasa y menguante, está de nuestro lado, a modo de un pequeño marco contextual. Pero lo desconocido crece y casi ocupa toda nuestra visión. Se acerca. Nos posee. Nos oprime al dejarnos casi sin luz. Y en el centro una nota discordante, de color rojo. El libro. A la vez la puerta desde la que lo siniestro se cuela en la vida de la familia, y el umbral por el que se escapa y sublima su fractura psicológica.

“Si está en una palabra o está en una mirada, no puedes deshacerte del Babadook.” El horror no puede ser vencido, pero puedes ocuparte de él para que viva contigo para siempre.


FICHA TÉCNICA
Nombre del lugar: La habitación de Amelia.
Visitante: La familia, y el Babadook.
Fecha de la Visita: Actualidad.
Situación: Australia.
Dirigido por: Jennifer Kent.
Director de Fotografía: Radek Ladczuk.
Director(es) de Arte: Karen Hannaford, Alex Holmes.
Música: Jed Kurzel.
Efectos Especiales: Wicked of Oz Studios, Kojo.
Año: 2014



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