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20160625

etdc (XXXIII): el camino ilusorio del tío Boonmee (Uncle Boonmee Who Can Recall his Past Lives, 2010)


Boonmee: Enfrentando a la selva, las colinas, los valles, mis vidas pasadas como animal, y los demás seres que aparecen ante mí.

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RELATO CINECARTOGRÁFICO

Hablar del cine de Apichatpong Weerasethakul es algo delicado. Por extraño que parezca, su cine encaja de una forma retorcida en un realismo mágico muy poco ortodoxo (en el fondo son historias de fantasmas y monstruos del folklore tailandés, o fantasías imaginadas infectando lo real), pero narradas de una forma tan naturalista, sencilla y sin ornamentos, que se hace difícil encasillarla en una categoría cinematográfica simple. Son, por así decirlo, historias tan apropiadas para un museo del Cine como para un festival de cine fantástico.

He visto varias de sus películas en festivales, un lugar perfecto para experimentar. Pero mi primer contacto con una de sus obras fue en una sala de cine convencional. Tropical Malady fue una experiencia chocante, pero no la recuerdo especialmente indicada para hablar de cinematografía, mis ojos poco experimentados sólo se fijaron en mucha selva en planos cortos, y tomas de noche. Ahora, más consciente de los requisitos mínimos para abrazar su cine, la última que he visto ha sido Cemetery of Splendour, mucho más disfrutable a nivel narrativo y, para sus pequeñas pretensiones, sobresaliente a nivel de iluminación y escenografía: El realismo onírico y naïf que caracteriza la obra de Apichatpong encaja a la perfección en esa historia. Como en otras ocasiones, pero esta vez de una forma más evidente, el director usa el recurso de la enfermedad como salvoconducto para pasar a otro plano de la realidad o a otras épocas de un pasado existente o no. De igual forma, también ha provocado antes un estado de ensoñación en sus personajes para hablar de lo fantástico que nos rodea. La cuestión es que, en este caso, la linea entre fantasía y realidad se difumina todavía más porque las dos ideas recurrentes se acaban por sumar: una vieja escuela se transforma en un hospital para cobijar a todos los pacientes aquejados de una extraña enfermedad del sueño. Y todas las personas que giran alrededor de esos pacientes acaban impregnándose de ese extraño estado en el que los durmientes habitan un mundo de dioses ancestrales, que ocupaban esas tierras mucho tiempo antes, y llenándolo todo (incluyendo la percepción de los espectadores) de alucinaciones de fantasmas, sueños y romance. Todo belleza y poesía mundana, capaz de hablar de amor un segundo después de plantear la escena más escatológica y surrealista del cine reciente.

Pero, como decía, en Cemetery of Splendour simplifica sus tesis, y acaba por plantear de forma demasiado evidente su temática visual. Ello hace de Uncle Boonmee Who Can Recall his Past Lives, un mejor ejemplo, aunque se podría interpretar como más difícil, del naturalismo fotográfico como una forma excelente aunque extraña de huir del tópico del territorio de la ensoñación como ese lugar lejano, barroco y extraño, casi ajeno al soñador, sustituyéndolo por una normalidad total, no menos surrealista por más sencilla que resulte, latente en el conocimiento popular y en la memoria compartida.

Esta es la primera película del director en la que de verdad me fijé en cómo planteaba las tomas y en lo mucho que afectaba el escenario a la historia a pesar de su fijación en presentar, a través de una fotografía cruda y humilde, la luz, la frescura y los sonidos de la vida real tailandesa. Tío Boonmee se muere y, mientras tanto, el espectador es testigo de pequeñas cápsulas de otros personajes (en teoría antiguas o futuras vidas del protagonista). Todo ello sin nexos, sin lazos que ayuden a seguir una coherencia de la historia. Pero no importa, lo importante es ese camino final que recorre Boonmee por todos esos diferentes escenarios desconectados: él intenta cerrar con dignidad su vida, y sus otras encarnaciones muestran otras formas de llevarlo a cabo. Desde luego es una película reflexiva, más de contenidos que de discursos, y quizá por eso es muchas cosas, pero no entretenida. Pero es en todos los sentidos, un tránsito. Una guía de viaje por un terreno tan luminoso y fresco como el brillo fluorescente en una habitación interior, o una mañana tailandesa. Sea esas unas fantasías cinematográficas o no.


FICHA TÉCNICA
Nombre del lugar: -
Visitante: Boonmee (Thanapat Saisaymar).
Fecha de la Visita: Actualidad.
Situación: Tailandia.
Dirigido por: Apichatpong Weerasethakul
Dirección de Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom.
Dirección de Arte: Montri Bodsayasiri.
Localización: Panithan Pisittakarn.
Año: 2010



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