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Sitges 2016: Bed of the Dead (Jeff Maher, 2016)





Por Hombre Lobo

En muchos sentidos, ver Bed of the Dead (2016) ha sido una experiencia fascinante. Si no hubiese estado en un festival es poco probable que la hubiese visto, ya que tanto el título como la premisa y el cartel auguraban un espectáculo serie Z y una nueva entrada en ese cine basura que sólo puede ser disfrutado de forma irónica. Ciertamente nadie hubiese pensado otra cosa de una cinta sobre una cama maldita que mata a aquellos que entran en contacto con ella, argumento que bien podría haber salido de las mentes de algunos de los cientos de imitadores de la Troma que existen hoy en día. Y sin embargo, a pesar de todo esto, lo más impresionante de este debut del canadiense Jeff Maher (quien tiene un abultado currículum como director de fotografía de varias serie B recientes) es que se toma su premisa como algo serio, y por increíble que parezca lo consigue, al menos parcialmente.

De hecho, ya desde el primer minuto la película nos cuenta el origen de la maldición al mostrar la cama siendo fabricada siglos atrás usando la madera de un árbol maldito que era usado por un culto como lugar de sacrificios. El resto de la película transcurre en las paredes de un club de sexo donde dos parejas han decidido pasar la noche sólo para coincidir de forma fatídica en una habitación clausurada donde se encuentra el mueble en cuestión. Una cosa curiosa es que toda la cinta transcurre después de la masacre, cuando un detective de homicidios investiga las muertes de estos personajes, por lo que ya desde el principio sabemos cómo van acabar todos, y sin embargo hay un genuino interés por conocer los hechos, presentados mediante un terror surrealista al estilo de Pesadilla en Elm Street (1984) o Hellraiser (1987), basando además los poderes de la cama en la manipulación de la realidad que vimos en Oculus (2014): una vez tocados por la maldición, los protagonistas ya no saben qué es lo que está ocurriendo y qué es lo que no, a lo que hay que sumar varios juegos con la linealidad temporal poco habituales en el cine chorra que presentíamos antes.

Todas estas cosas tienen como resultado una película inusualmente ambiciosa tanto para la premisa que tiene como para los trabajos anteriores en los que ha estado involucrado el propio Jeff Maher. Además es muy violenta, aunque al ser conocedora de sus limitaciones técnicas mantiene el tema de los efectos especiales dentro de los límites de la discreción. Al contrario de lo que pudiésemos haber pensado en un principio, la ambientación en un club de sexo y el inicio de la trama son sólo una excusa para tener a varios personajes en el mismo lugar, ya que el contenido erótico de la película es prácticamente cero (algo que por otro lado hubiese funcionado muy bien) y el hecho de que toda la historia ocurra en la misma habitación en dos líneas temporales distintas da pie a juegos interesantes que, insisto, no he llegado a ver en películas en principio más complejas.

Por supuesto no todo es tan interesante, tiene sus momentos flojos y los protagonistas (sobre todo la chica final) son un poco insulsos, pero a pesar de que no sea ninguna obra maestra me ha sorprendido de forma muy positiva y ha sido un auténtico descubrimiento que no desmerece para nada teniendo en cuenta las pocas expectativas que tenía. Si esta misma película hubiese sido estrenada en los años ochenta muy probablemente sería hoy por hoy un clásico del terror bizarro, y aunque no es la primera película que se ha hecho sobre una cama asesina, sí es la única que he visto que se atreve a abordar su premisa de forma seria sin hacer el ridículo en ningún momento. Si queréis ver algo curioso, esta es una que os vendría bien revisar.

No es para nada una gran película de terror pero le doy puntos extra por ir mucho más allá de lo que hubiera esperado. Si es que hasta el póster es engañoso porque la hace ver como algo mucho más cutre de lo que realmente es.



yume

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